Elegimos este lugar porque nos pareció una parada que tenía pinta de merecer la pena, desde finales de los años 90, forma parte de los pueblos más bonitos de Francia en sus listas (Les plus beaux villages de France). Se trata de pueblo de pescadores muy pintoresco. El hecho de que sea de pescadores es algo que no pasará inadvertido en la visita, en muchas de las fachadas de las casas de granito, veréis las redes de pesca decorándolas. Y no sólo allí, en alguna callejuela forma una especie de pasillo que le da un toque totalmente encantador muy acorde con el alma del lugar.
El pueblo se reparte alrededor de la iglesia, que fue el primer lugar al que entramos. Aparcamos en una calle a la entrada del pueblo sin mayor dificultad .
El encanto de Saint-Suliac está en perderse por sus estrechas callejuelas, como os decíamos, muchas de ellas con las redes sobre las fachadas, lugar donde se colocaban para secarlas.
La pendiente descendiente del pueblo te lleva directamente a orillas del río, donde hay una estampa muy agradable, las casitas y una pequeña playa temporal, que aparece y desaparece con la marea. Embarcaciones, algunas pequeñas tradicionales, que se empleaban para la pesca del bacalao, hoy la mayoría de recreo. Un paseo verde, tranquilo con unas vistas preciosas.
La siguiente parada era Saint-Malo, conocida como ciudad corsaria. Una ciudad fortaleza emblemática en la Bretaña francesa.



