Situada a las puertas de Bretaña, la antigua ciudad episcopal de Dol ofrece al visitante sus tesoros arquitectónicos como la catedral Saint-Samson (estandarte del gótico bretón), casas medievales… y también unas vistas impresionantes al Mont-Dol y a toda la bahía del Mont-Saint-Michel.
¿Sabías que Dol fue la capital religiosa del rey Nominoë durante el siglo IX y también ciudad episcopal en el XIX? La catedral de Saint-Samson, un orgullo del gótico bretón que habla de este rico pasado espiritual, bien merece una visita. No te conformes con su fachada imponente ya que en el interior no hay más que elegancia y ligereza. Y si quieres saber más, en la plaza, la Cathédraloscope te lo contará todo sobre la construcción de catedrales en Europa.
Viaje a la Edad Media
Además de la catedral, levantando la vista podrás admirar otras obras arquitectónicas de la Grande-Rue-des-Stuarts así como sus pórticos y pilares. La casa des Petits Palets que data del siglo XII, es una de las más antiguas de Bretaña
Originalmente era de estilo romano, pero después de ser quemada por un rey de Inglaterra en 1203, fue reconstruida tres siglos después con un estilo gótico normando. Lleva el nombre de su fundador "Saint Samson", un monje venido de Escocia, y llama la atención por sus dimensiones, demasiado grandes para un pueblo tan pequeño.
Nominoë Square
Esta plaza fue creada para conmemorar al primer Rey de Bretaña, y desde el año 2.010, tiene una estatua suya en el centro. Justo en frente se encuentra su famosa catedral.
Rue Ceinte
En esta calle vivían los canónigos desde el siglo XII. Por las noches se cerraba con dos grandes puertas.
Es una calle preciosa y muy tranquila, y merece la pena recorrerla tranquilamente, contemplando sus antiguas casas y mansiones.
Destacan la "Maison du Grand Chantre" (siglo XVII), "Maison de la Grabotais" (siglo XV Y recientemente renovada) y la "Maison du Porche au Pain", una antigua casa de comerciantes que destaca por tener en su entrada un puesto de venta de granito muy bien conservado.
Grande Rue des Stuarts
Es la calle principal del pueblo y lleva el nombre de una antigua familia real de Inglaterra y Escocia, que era originaria de Dol de Bretagne.
Es una calle grande y muy bonita, con preciosas casas de los siglos XI-XVI que han sido restauradas.
Merece la pena detenerse para contemplar algunas mansiones como: la "Maison de la Guillotière", "Maison des Trois Pigeons" y la "Maison des Petits Palais", esta última data del siglo XII y es la casa de piedra más antigua de Bretaña.
Otra mansión conocida es "Le Quengo", un antiguo palacete privado al que tuvimos la suerte de entrar, gracias a la amabilidad de su propietario. La verdad que fue toda una anécdota y nos encantó poder ver su pedazo jardín, el cual encierra un palomar.
Su propietario sólo hablaba francés, pero al vernos con el mapa parados en frente de la casa, nos empezó a hablar y más o menos acabamos entendiéndonos!!! Nos invitó a entrar y nos dio varias recomendaciones para visitar el pueblo.
Nuestra peque se lo pasó genial viendo a los animales que había en el jardín, y además vio una pluma enorme que se la llevó de recuerdo😉. ¡Toda una experiencia a la francesa!
Rue Lejamptel
Antiguamente se la conocía con el nombre de "Rue Étroite", y fue ampliada en 1870 con la llegada del ferrocarril al pueblo. En esta calle destaca el hotel "Grand Maison", en el que un letrero recuerda la estancia de Víctor Hugo en el año 1836.
Aquí también permaneció durante una noche el cadáver del escritor francés Chateaubriand en 1848, hasta que fue trasladado a Saint Malo, donde fue enterrado. Delante de esta mansión hay un busto de Víctor Hugo inaugurado en 2002.
Plaza Chateaubriand
En memoria del escritor Francois-René de Chateaubriand. En 1998 pusieron una estatua suya para celebrar el 150 aniversario de su muerte.
Dol de Bretagne también cuenta con varios espacios verdes para pasear: "Jardín Lapidaire", "Vallée du Guyoult" (al lado del río) y "Promenade Jules Revert", un mirador que bordea las murallas de la antigua ciudad fortificada.
Tierra de leyendas
A tres kilómetros de la ciudad se alza el Mont-Dol, un peñasco de granito de 65 m de altura que ha dado lugar a numerosas leyendas. Cuentan que San Miguel y el diablo se enfrentaron aquí quedando como testigos de este combate legendario las garras y el sillón del diablo, así como la huella de San Miguel en la roca. Pero el espectáculo está en otra parte: en las vistas a la bahía, desde Cancale a Granville sin olvidar, por supuesto, el Mont Saint-Michel.









