FORT LA LATTE

Es un castillo muy pintoresco en un enclave único.

Se puede acceder a él andando desde el cabo a través del sendero, pero nosotros recurrimos nuevamente al coche para llegar. Si alguno estáis interesados en hacer estas visitas y os apetece recorrer el camino que los separa andando, os recomendamos que vayáis primero a Fort La Latte, al menos para estacionar el coche, ya que allí el aparcamiento es gratuito, no como en el cabo.

En coche no se tarda en llegar más de 10 minutos.

En un paseo corto en pendiente descendente empezamos a contemplar, desde la distancia, Fort La Latte. Los que suben parecen fatigados y yo, con la aversión natural que tengo a las pendientes, empiezo a pensar en la vuelta cuando aún no he llegado al destino. Así soy, de ver “el vaso medio inclinado”.

El comienzo de la construcción de esta fortaleza data del s.XIV. La ubicación de la misma parece un lugar perfecto para fines defensivos. Rodeada de acantilados en un saliente de rocas se alza este castillo-fuerte que, a pesar del enclave, fue asediado en diferentes momentos de su historia.

Una vez que pasó el tiempo en el que las fortalezas tenían un papel estratégico, fue cayendo en el olvido, hasta que terminó siendo vendida y pasó a ser una propiedad privada. Durante mucho tiempo, se estuvo trabajando en su reestructuración.

 Actualmente, está considerado Monumento Histórico.

Hoy por hoy, es visitable, aunque no se puede a acceder a ninguna estancia concreta, varias se pueden admirar a través de algunas ventanas o rejas. Pero a pesar de no visitarse por dentro, sus jardines y la subida a lo alto de la torre, merecen la pena. Las vistas desde allí son impresionantes. Eso sí, para llegar arriba hay que subir por una estrecha escalera casi vertical con unas cuerdas en los laterales para agarrarse. No éramos muchos los visitantes aquel día, pero se formaban buenos atascos para llegar a la guinda del pastel.

A ambos lados, el mar, acantilados, los jardines, las torres defensivas. Sin lugar a duda, una visita diferente en la Bretaña francesa que disfrutamos muchísimo. El precio de la entrada era de 5,70 euros y ofrecían por 0,20 céntimos más una especie de folleto informativo que todos los que allí estábamos parecía que ignorábamos.