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SIGÜENZA


Sigüenza es una ciudad situada estratégicamente para controlar el paso del alto Henares y los valles de los ríos Dulce y Salado. Esta es la razón por la que estuvo poblada ya desde el Paleolítico y Neolítico.

Visitar Sigüenza es visitar la historia en cada uno de los pliegues del tiempo. Tras los vestigios de antiguos pobladores: celtíberos, romanos, visigodos y árabes; se impone una Sigüenza medieval que secuestra la mirada ya en la primera vista general.

El castillo domina la ciudad, la postal y contiene en sus cimientos, que ascienden hasta sus almenas, secretos de sus pobladores, que fueron todos.

Principales atractivos

Magnífico por la restauración que lo habilitó como Parador Nacional de Turismo, conserva su espíritu altomedieval, y permite conocer a fondo una gran fortaleza, erigida en el s. XII, que fue usada de manera continua como residencia de los obispos hasta mediados del siglo XIX.

Historia

Una antemuralla da acceso a la puerta principal, del siglo XIV, flanqueada por dos cubos con sus matacanes, y almenas en la parte superior. El gran patio interior recuerda las alcalabas árabes, e igual que en ellas, albergaba la población de Sigüenza en caso de ataque. En el centro permanece el pozo que abastecía de agua a la fortaleza. Las partes visitables del interior recrean a la perfección los salones y estancias en piedra tallada en que vivieron los obispos y su corte: mobiliario de época, armaduras, labradas chimeneas...

El obispo guerrero Don Bernardo de Agén, que conquista en 1123 Sigüenza, fue el primero que acometió la reforma del castillo viejo, posiblemente una fortaleza árabe anterior, mucho más modesta.

La primavera de 1297 fue tomado, brevemente, por los partidarios de Alfonso de la Cerda, aspirante al trono de Castilla, aunque los vecinos de la ciudad lo reconquistaron prendiendo fuego a las puertas mediante una cuba llena de tocino.

Pedro I de Castilla encerró en él a su esposa Doña Blanca en 1355, para evitar que sirviera de apoyo a los nobles que querían deponerle del trono.

En el s. XV sirvió de refugio contra las razias efectuadas por los navarros, durante la guerra de los Infantes de Aragón. El obispo Don Fernando Luján mandó entonces que todos los habitantes de Sigüenza acudieran armados a las murallas ante el toque de campana, so pena de la confiscación de sus bienes.

En 1465 Diego López de Madrid se nombró obispo a la muerte del anterior, acuartelándose en el castillo. Pese a que el papa no le reconoció en el cargo, allí resistió tres años, al cabo de los cuales fue tomada la fortaleza no por las armas, sino por la traición de un criado del autonombrado obispo. Le sustituyó Don Pedro González de Mendoza, que llegaría a ser cardenal. Mendoza fue el responsable del antemuro o barbacana que hoy podemos contemplar protegiendo la puerta principal, y de transformar la fortaleza en un palacio, similar por sus dependencias a las que hoy observamos en el Parador.

Durante la Guerra de Sucesión, en 1710, habitó en él el pretendiente austriaco al trono de España, archiduque Carlos de Austria. Partidarios de Austrias y de borbones se alternaron en la posesión del castillo, sin que éste sufriera daños.

A finales del s. XVIII el obispo Don Juan Díaz de la Guerra aumentó el carácter residencial del castillo, haciendo viviendas de funcionarios y oficinas.

Durante la ocupación napoleónica el castillo abandonó su carácter de residencia obispal para ser cuartel de las tropas francesas desde 1808. El hostigamiento de Juan Martín el Empecinado les obligaría a abandonarlo momentáneamente, volviendo a ocuparlo en 1811.

En 1827 volvía a ser residencia de obispos, y albergó al rey Fernando VII y su séquito cuando volvían del balneario de Solán de Cabras. En él, al igual que en la ciudad, buscaban la solución a la esterilidad de la reina María Josefa Amalia. En Sigüenza, pidiendo la protección de Santa Librada.

Todavía sirvió de fortaleza en las Guerras Carlistas, por última vez, sufriendo grandes destrozos y siendo abandonado por los obispos como residencia. Una ruina que se completó en la Guerra Civil de 1936, y cuya restauración fue acometida en 1970, dirigida por el arquitecto J.L. Picardo, basada en antiguos planos, cotejados con los restos que quedaban en pie.

Acceso al castillo

Acceso libre al Parador de Turismo, permite su visita exterior, y al interior, quedando restringidas la zona de habitaciones de clientes alojados.

Curiosidades

Cuatro años permaneció confinada Doña Blanca de Borbón en este castillo: cuando llegó, ya casada con Pedro I de Castilla, tenía tan sólo dieciséis años. Moriría seis años después, a los veintidós. La Casa del Doncel, de obligada visita; La iglesia de San Vicente o de Santiago, los restos de murallas imbricados por la ciudad; la catedral, con su imponente interior de bóvedas y mausoleos… completan el puzle de este periodo.

Su Catedral es una visita imprescindible. Es, en conjunto, un bello ejemplar del cisterciense o primer gótico: puede asegurarse que es una de las más notables catedrales cistercienses. Su estilo fundamental es el de la época de transición del románico-gótico de influencia aquitano-borgoñona.

De estilo románico son las portadas de la fachada principal, los pilares del crucero, algunos de la nave central y todos los muros inferiores de la iglesia. De estilo gótico son los muros superiores, el crucero y sus rosetones, los ventanales del presbiterio y de la nave central y el nuevo claustro. La catedral se rodea de muro y de torres, formando un conjunto fortificado de aspecto guerrero, que perderá, en gran parte, en los primeros años del siglo XVI.

La catedral de Sigüenza es conocida en toda España por “El Doncel de Sigüenza”. Este personaje era un miembro de la familia de los Vázquez de Arce, caballero de Santiago, que murió a los veinticinco años en la Guerra de Granada.

Sobre la puerta se abre un gran rosetón, obra del siglo XIII, con complicada tracería.

La planta de la iglesia es cruz latina, con tres naves, crucero y capilla mayor con girola. Está iluminado por pequeños vanos abiertos sobre las arcadas, por los grandes rosetones y por la linterna que remata la bóveda del crucero.

Las naves están divididas por grandes pilares con columnas adosadas, que rematan en líneas de capiteles unidos, sobre los que se apoyan los arcos ojivales, de los que arrancan los nervios de las bóvedas de crucería.

En la catedral, merecen especial interés: las Capillas de los Arces, de San Pedro, de la Anunciación, o de San Marcos, la estatua del Doncel y rosetones góticos de los siglos XII-XVI. Conviene no perderse la parte renacentista y barroca que se imprime en las calles y plazas, que se refleja en palacios y casas, que se percibe en conventos y ermitas. Esta Sigüenza la encontramos en la Plaza Mayor o el Barrio Humanista, en la casa Plateresca o el Palacio Episcopal, en el Convento de San Francisco o Nuestra Señora de los Huertos… y en cada uno nos detendrá el paso la observación de sus fachadas, la visita interior o el descanso bajo las arquerías.

El Museo Diocesano de Arte Antiguo de Sigüenza expone una importante muestra de arte sacro de los siglos XII al XX, además de otras colecciones de arqueología, textiles y manuscritos, procedentes de todos los rincones de la diócesis de Sigüenza-Guadalajara. En total son unas 220 obras de artistas tan destacados como Zurbarán, Salzillo, Salvador Carmona, Morales o Francisco Madrazo.

Tres son los espacios naturales protegidos en la comarca: el Parque Natural del Río Dulce, el Lugar de Interés Comunitario del Río Salado y la Micro reserva de los Saladares del Río Salado.

En su gastronomía destaca su gran calidad, tradición y buenas manos, basada en productos de la zona. Son destacables el asado de cordero o cabrito; las migas acompañadas con chorizo, torrezno y huevo frito; la sopa castellana; los productos de caza o matanza; la trucha escabechada o con jamón y, como postres, no se pueden dejar pasar las yemas del Doncel, los bizcochos borrachos y los elaborados con miel. Desde 2017 cuenta con una Estrella Michelín en el Restaurante El Doncel. 


MOLINA DE ARAGÓN


CASTILLO
El Castillo fue edificado sobre un antiguo castro celtibérico utilizado por los árabes durante su dominación. Declarado Monumento Nacional en el año 1931, es sin duda la fortaleza más grande y expresiva de Castilla-La Mancha. De las ocho torres que llegó a tener este magnífico alcázar tan sólo cuatro han conseguido llegar en pie hasta nuestros tiempos : son las de Doña Blanca, de Caballeros, de Armas y de Veladores. Todas ellas se encuentran comunicadas entre sí por un adarve protegido de almenas. El recinto externo de la fortaleza, lo que podríamos denominar albácar de la alcazaba, o campo de armas, es muy amplio. En tiempos de Doña Blanca albergaba un barrio entero.
El Castillo ha sido protagonista a lo largo de la historia de  múltiples batallas, tanto en la Edad Media, como en la Guerra de la Independencia y guerras carlistas. En el castillo molinés destaca además la presencia de una gran torre aislada, al norte de la fortaleza, y en su punto más elevado, que se denomina la Torre de Aragón. Fue la primitiva construcción, sede del castro celtíbero, puesta en forma de defensa por los árabes, y diseñada por sí sola como un auténtico castillo independiente, que sin embargo estuvo siempre comunicado con el castillo mayor a través de una galería subterránea.

IGLESIA DE SANTA CLARA
Aparece adosada al Convento de las Clarisas por el norte y poniente. Es de la segunda mitad del siglo XII, protogótica. Los muros son de sillares y el interior de una nave con soportes románicos, coronados por capiteles de finales del siglo XII. El arco triunfal es ligeramente apuntado, y la cubierta de crucería simple, del tipo cisterciense en el crucero y bóveda apuntada en la capilla mayor. El ábside y la portada sur son románicos. Conserva una escultura del siglo XVII del Crucificado y una Inmaculada del XVIII.

IGLESIA DE SANTA MARÍA LA MAYOR DE SAN GIL
Primero fue un edificio románico del siglo XII, siendo posteriormente reedificada en el XVI. Su interior es de tres naves, separadas por arquerías de medio punto sobre las que corre un ándito. La nave central se cubre por cañón y lunetos y la capilla mayor por cúpula semiesférica gallonada. La sacristía guarda buenos lienzos del siglo XVII. La gran portada principal y otra con pilastras adosadas son clasicistas. En su interior se conserva el magnífico retablo renacentista de la Parroquia de El Atance.
IGLESIA DE SANTA MARÍA DEL CONDE
Junto al Ayuntamiento, en la Plaza de España, se levanta la Iglesia de Sta. María del Conde, la más antigua de las fundadas por Manrique de Lara, primer Señor y Conde de Molina<., en el siglo XII, de estructura románica. Fue completamente reedificada en los siglos XVI y siguientes. Es de planta de cruz latina con portada a poniente en la que parece una severa decoración clásica de pilastras y frisos. Fue restaurada en 1985. En la misma plaza hay una casa con escudo.
PUENTE ROMÁNICO
Sobre el río Gallo, que atraviesa la ciudad de noroeste a sur. Conocido popularmente como el Puente Viejo, fue construido en la época de la repoblación del burgo, hacia los siglos XII-XIII. Construido con sillar de arenisca roja, está formado por tres arcos escarzanos, tamajares triangulares y redondeados, con "giba" acentuada en el centro. Es uno de los símbolos más significativos del pasado medieval de la villa.
CONVENTO DE SAN FRANCISCO
Fundado por la Infanta doña Blanca, Señora de Molina, en el siglo XIII; es gótico con añadidos clásicos y barrocos. En el lado de la epístola, una portada con escudos de la Orden Franciscana. La torre es barroca del XVIII, con sillería y con dos cuerpos, coronada con la popular veleta conocida como El Giraldo. La capilla de la Venerable Orden Tercera, del siglo XVIII, presenta al exterior un ábside semicircular y pequeña portada de rica decoración y molduraje barroco. Actualmente es sede del Museo Comarcal de Arqueología y Ciencias Naturales.

IGLESIA DE SAN PEDRO
Aunque de origen románico, fue rehecha totalmente en los siglos XVI-XVII. La cabecera y crucero son góticos del siglo XVI, y el cuerpo de la iglesia de la segunda mitad del XVIII.

CASONAS MOLINESAS
De gran interés son sus construcciones civiles que salpican sus calles estrechas y pintorescas. No deben dejar de admirarse, por ejemplo, la casona del llamado Palacio de los Molina (hoy un emblemático establecimiento de restauración), con escudos, rejas y el tradicional portón central adovelado, y la Casa del Obispo Juan Díaz de la Guerra, en el Arrabal de San Francisco, de finales del siglo XVIII. En la Plaza de Tres Palacios pueden observarse numerosos escudos y grandes portones. En la Plaza de San. Miguel se ve una portada renacentista con medallones de S. Pedro y S. Pablo, de fines del XVI



ARQUITECTURA CIVIL MOLINESA
Históricamente la urbe molinesa ha estado jalonada de numerosos y  palacios, de un tipismo constructivo muy acusado. Aunque muchos han desaparecido a lo largo de los siglos, entre los que quedan deben destacarse el Palacio del Virrey de Manila, del siglo XVIII, con su magnífica portada barroca. Mandado construir en 1740 por Don Fernando de Valdés y Tamón quien, después de diez años de mandatario en el virreinato de Filipinas, regresó a España y se casó con una molinesa, decidiendo construir su palacio en la ciudad de Molina. Entre los muchos valores que posee este palacio destaca el carácter que confiere al entorno urbanístico en que se ubica.

El Palacio del Marqués de Villel muestra igualmente en su portada blasón de armas y galería de arquillos bajo su pronunciado alero. El Palacio de los Montesoro y el de los Marqueses de Embid, son otros buenos ejemplos de esta inconfundible arquitectura civil molinesa.



SIGÜENZA


Sigüenza es una ciudad situada estratégicamente para controlar el paso del alto Henares y los valles de los ríos Dulce y Salado. Esta es la razón por la que estuvo poblada ya desde el Paleolítico y Neolítico.

Visitar Sigüenza es visitar la historia en cada uno de los pliegues del tiempo. Tras los vestigios de antiguos pobladores: celtíberos, romanos, visigodos y árabes; se impone una Sigüenza medieval que secuestra la mirada ya en la primera vista general.

El castillo domina la ciudad, la postal y contiene en sus cimientos, que ascienden hasta sus almenas, secretos de sus pobladores, que fueron todos.

PRINCIPALES ATRACTIVOS
Magnífico por la restauración que lo habilitó como Parador Nacional de Turismo, conserva su espíritu altomedieval, y permite conocer a fondo una gran fortaleza, erigida en el s. XII, que fue usada de manera continua como residencia de los obispos hasta mediados del siglo XIX.

HISTORIA
Una antemuralla da acceso a la puerta principal, del siglo XIV, flanqueada por dos cubos con sus matacanes, y almenas en la parte superior. El gran patio interior recuerda las alcalabas árabes, e igual que en ellas, albergaba la población de Sigüenza en caso de ataque. En el centro permanece el pozo que abastecía de agua a la fortaleza. Las partes visitables del interior recrean a la perfección los salones y estancias en piedra tallada en que vivieron los obispos y su corte: mobiliario de época, armaduras, labradas chimeneas...

El obispo guerrero Don Bernardo de Agén, que conquista en 1123 Sigüenza, fue el primero que acometió la reforma del castillo viejo, posiblemente una fortaleza árabe anterior, mucho más modesta.
La primavera de 1297 fue tomado, brevemente, por los partidarios de Alfonso de la Cerda, aspirante al trono de Castilla, aunque los vecinos de la ciudad lo reconquistaron prendiendo fuego a las puertas mediante una cuba llena de tocino.

Pedro I de Castilla encerró en él a su esposa Doña Blanca en 1355, para evitar que sirviera de apoyo a los nobles que querían deponerle del trono.

En el s. XV sirvió de refugio contra las razzias efectuadas por los navarros, durante la guerra de los Infantes de Aragón. El obispo Don Fernando Luján mandó entonces que todos los habitantes de Sigüenza acudieran armados a las murallas ante el toque de campana, so pena de la confiscación de sus bienes.

En 1465 Diego López de Madrid se nombró obispo a la muerte del anterior, acuartelándose en el castillo. Pese a que el papa no le reconoció en el cargo, allí resistió tres años, al cabo de los cuales fue tomada la fortaleza no por las armas, sino por la traición de un criado del autonombrado obispo. Le sustituyó Don Pedro González de Mendoza, que llegaría a ser cardenal. Mendoza fue el responsable del antemuro o barbacana que hoy podemos contemplar protegiendo la puerta principal, y de transformar la fortaleza en un palacio, similar por sus dependencias a las que hoy observamos en el Parador.

Durante la Guerra de Sucesión, en 1710, habitó en él el pretendiente austriaco al trono de España, archiduque Carlos de Austria. Partidarios de austrias y de borbones se alternaron en la posesión del castillo, sin que éste sufriera daños.

A finales del s. XVIII el obispo Don Juan Díaz de la Guerra aumentó el carácter residencial del castillo, haciendo viviendas de funcionarios y oficinas.
Durante la ocupación napoleónica el castillo abandonó su carácter de residencia obispal para ser cuartel de las tropas francesas desde 1808. El hostigamiento de Juan Martín el Empecinado les obligaría a abandonarlo momentáneamente, volviendo a ocuparlo en 1811.

En 1827 volvía a ser residencia de obispos, y albergó al rey Fernando VII y su séquito cuando volvían del balneario de Solán de Cabras. En él, al igual que en la ciudad, buscaban la solución a la esterilidad de la reina María Josefa Amalia. En Sigüenza, pidiendo la protección de Santa Librada.

Todavía sirvió de fortaleza en las Guerras Carlistas, por última vez, sufriendo grandes destrozos y siendo abandonado por los obispos como residencia. Una ruina que se completó en la Guerra Civil de 1936, y cuya restauración fue acometida en 1970, dirigida por el arquitecto J.L. Picardo, basada en antigüos planos, cotejados con los restos que quedaban en pie.

ACCESO AL CASTILLO
Acceso libre al Parador de Turismo, permite su visita exterior, y al interior, quedando restringidas la zona de habitaciones de clientes alojados.

CURIOSIDADES
Cuatro años permaneció confinada Doña Blanca de Borbón en este castillo: cuando llegó, ya casada con Pedro I de Castilla, tenía tan sólo dieciséis años. Moriría seis años después, a los veintidós.La Casa del Doncel, de obligada visita; La iglesia de San Vicente o de Santiago, los restos de murallas imbricados por la ciudad; la catedral, con su imponente interior de bóvedas y mausoleos… completan el puzle de este periodo.
Su Catedral es una visita imprescindible. Es, en conjunto, un bello ejemplar del cisterciense o primer gótico: puede asegurarse que es una de las más notables catedrales cistercienses. Su estilo fundamental es el de la época de transición del románico-gótico de influencia aquitano-borgoñona.

De estilo románico son las portadas de la fachada principal, los pilares del crucero, algunos de la nave central y todos los muros inferiores de la iglesia. De estilo gótico son los muros superiores, el crucero y sus rosetones, los ventanales del presbiterio y de la nave central y el nuevo claustro. La catedral se rodea de muro y de torres, formando un conjunto fortificado de aspecto guerrero, que perderá, en gran parte, en los primeros años del siglo XVI.

La catedral de Sigüenza es conocida en toda España por “El Doncel de Sigüenza”. Este personaje era un miembro de la familia de los Vázquez de Arce, caballero de Santiago, que murió a los veinticinco años en la Guerra de Granada.

Sobre la puerta se abre un gran rosetón, obra del siglo XIII, con complicada tracería.

La planta de la iglesia es cruz latina, con tres naves, crucero y capilla mayor con girola. Está iluminado por pequeños vanos abiertos sobre las arcadas, por los grandes rosetones y por la linterna que remata la bóveda del crucero.
Las naves están divididas por grandes pilares con columnas adosadas, que rematan en líneas de capiteles unidos, sobre los que se apoyan los arcos ojivales, de los que arrancan los nervios de las bóvedas de crucería.

En la catedral, merecen especial interés: las Capillas de los Arces, de San Pedro, de la Anunciación, o de San Marcos, la estatua del Doncel y rosetones góticos de los siglos XII-XVI.Conviene no perderse la parte renacentista y barroca que se imprime en las calles y plazas, que se refleja en palacios y casas, que se percibe en conventos y ermitas. Esta Sigüenza la encontramos en la Plaza Mayor o el Barrio Humanista, en la casa Plateresca o el Palacio Episcopal, en el Convento de San Francisco o Nuestra Señora de los Huertos… y en cada uno nos detendrá el paso la observación de sus fachadas, la visita interior o el descanso bajo las arquerías.

El Museo Diocesano de Arte Antiguo de Sigüenza expone una importante muestra de arte sacro de los siglos XII al XX, además de otras colecciones de arqueología, textiles y manuscritos, procedentes de todos los rincones de la diócesis de Sigüenza-Guadalajara. En total son unas 220 obras de artistas tan destacados como Zurbarán, Salzillo, Salvador Carmona, Morales o Francisco Madrazo.

Tres son los espacios naturales protegidos en la comarca: el Parque Natural del Río Dulce, el Lugar de Interés Comunitario del Río Salado y la Microrreserva de los Saladares del Río Salado.

En su gastronomía destaca su gran calidad, tradición y buenas manos, basada en productos de la zona. Son destacables el asado de cordero o cabrito; las migas acompañadas con chorizo, torrezno y huevo frito; la sopa castellana; los productos de caza o matanza; la trucha escabechada o con jamón y, como postres, no se pueden dejar pasar las yemas del Doncel, los bizcochos borrachos y los elaborados con miel. Desde 2017 cuenta con una Estrella Michelín en el Restaurante El Doncel.





PELEGRINA

Además de las bellas formas de las rocas que te puedes encontrar a tu paso por el barranco, podrás evocar pasajes de historia mientras contemplas su noble castillo.

Visita la ruta senderista que recorre las localidades de Aragosa, La Cabrera y Pelegrina siguiendo el Parque Natural del río Dulce y hallarás fantásticos paisajes inolvidables.

A tu paso podrás disfrutar de la colonia de buitres estable y fácilmente observables que se hizo conocida a raíz de las filmaciones de la serie documental del Hombre y la Tierra, que aquí realizaba Félix Rodríguez de la Fuente. Para ello, podrás acercarte al mirador que en su memoria fue erigido y que encontrarás a tan sólo dos kilómetros y medio de Pelegrina.

CASTILLO DE PELEGRINA
PRINCIPALES ATRACTIVOS
Aunque las ruinas son escasas, merece la pena contemplar la hermosura del valle del Río Dulce a nuestros pies, y entender el nombre del pueblo, del latínpellus grinae, bella vista.
HISTORIA Y DESCRIPCIÓN
Su posición domina no sólo el valle de Pelegrina, sino toda la meseta que se extiende más allá, donde en la Edad Media estaba la importante vía romana de Emérita Augusta –hoy A2-, que aún era un camino principal. Desde su altura podría divisarse, o comunicarse, con la cercana fortaleza de La Torresaviñán.

Las torres de las esquinas de la muralla son macizas, por lo que no tienen saeteras, y su única función fue reforzar los muros. La defensa, por tanto, hubo de llevarse a cabo desde lo alto de las murallas. Sus características permiten datar la fortaleza en el s. XII.

El castillo fue propiedad de los obispos de Sigüenza, a los que arrebató sin lucha el rey Pedro I para sostener su guerra con Aragón, y más tarde fue saqueado por los navarros en el s. XV, y retomado a su vez por las milicias del obispado. Sirvió, sobre todo, como residencia y coto de caza para los arzobispos segontinos.

Durante la Guerra de Sucesión, en el s. XVIII, los austriacos lo incendiarion. En la Guerra de la Independencia fue desmantelado por las tropas napoleónicas para que no sirviera de refugio a los guerrilleros de Juan Martín el Empecinado.

ACCESO AL CASTILLO Acceso libre.
CURIOSIDADES
Pelegrina es uno de los accesos al Barranco del Río Dulce, reserva natural llena de hermosísimos rincones, sendas para pasear, y sobre todo para divisar al buitre leonado que habita sus roquedos.

PASTRANA

HISTORIA
Pastrana se funda en el siglo XIII bajo la dominación de la Orden Religiosa Militar de Calatrava, probablemente como aldea de repoblación tras la expulsión definitiva de los árabes. En 1369, se le concede él titulo de Villa. En este mismo período, se construyen su muralla y su iglesia primitiva.
El Rey Carlos I, consigue de los Papas Clemente VII y Paulo III, las bulas necesarias para enajenar bienes de las Ordenes Religiosas Militares y, usando de esta facultad, vende, en 1541, la Villa de Pastrana con los lugares de Escopete y Sayatón a Doña Ana de la Cerda, condesa de Mélito y viuda de Don Diego Hurtado de Mendoza. Es esta primera Señora de Pastrana la que comienza la construcción del conocido Palacio Ducal. Muerta Doña Ana, pasa el señorío a sus hijos D. Gaspar Gastón y D. Baltasar Gastón, los cuales venden estas propiedades en 1569 a los Príncipes de Éboli, Ruy Gómez de Silva, consejero, valido y amigo personal de Felipe II y la célebre Doña Ana de Mendoza y de la Cerda. Posteriormente estos obtienen del Rey el título de Duques de Pastrana.
Con los primeros Duques, llega para Pastrana su época de gran esplendor, ya que éstos realizan grandes obras en la Villa. En 1569, mandan llamar a Santa Teresa de Jesús con el fin de fundar un convento de Carmelitas Descalzas, creando el de San José para mujeres y el de San Pedro (hoy del Carmen) para hombres.
En 1570, traen un numeroso grupo de moriscos expulsado de las Alpujarras de Granada para trabajar la seda y levantar una de las fábricas de tapicería más prestigiosas de España durante los Siglos XVI y XVII. Más tarde, los Duques completan su obra ascendiendo la iglesia parroquial a Colegiata, dotándola de un Cabildo de 48 Canónigos, que superaba en número a todas las Catedrales de España, excepto a la Catedral Primada de Toledo.
Muerto Ruy Gómez, en 1573, la Princesa de Éboli ingresa en el Convento de San José, incumpliendo reiteradamente la regla Carmelitana. Poco después, Felipe II le ordena que abandone el convento para ocuparse de su patrimonio y de su familia. En 1576, regresa a Madrid, como una de las damas más acaudaladas y respetadas de la Corte.
Allí inicia una vida inquieta, y por sus intrigas en la Corte con Antonio Pérez, Secretario de Felipe II, es detenida en 1579.Es encerrada en la torre de Pinto, a los pocos meses en el castillo de Santorcaz, donde se reunirá con sus hijos y finalmente es traída a su propio palacio en Pastrana, de donde no saldría hasta su muerte en 1592. Sus restos se conservan actualmente en la Cripta de la Iglesia-Colegiata de esta Villa Ducal. Más tarde se suceden los Duques y, al trasladar éstos su residencia a Madrid, en el siglo XVIII, Pastrana inicia su vida rural. En la actualidad, Pastrana sigue conservando gran parte de su trazado medieval y la riqueza artística que atesoró durante el siglo de Oro.
PRINCIPALES ATRACTIVOS
PALACIO DUCAL
Tras la compra de la Villa por Doña Ana de la Cerda en 1541, se da comienzo a la construcción del palacio proyectado por el arquitecto Alonso de Covarrubias. El edificio sigue un claro trazado renacentista español: de planta cuadrada con torres esquinales y patio central, asi como un jardín escalonado en la parte posterior del mismo. Por diversos motivos legales, el palacio nunca se finalizó.
La fachada, sin apenas ornamentación, es de piedra sillar, con escasos vanos simétricos decorados con una simple moldura. En el centro, la portada principal destaca por su carácter italianizante y se puede leer la leyenda “DE MENDOZA Y DE LA CERDA”.

En el interior, se conservan unos maravillosos artesonados igualmente diseñados por Alonso de Covarrubias, de estilo plateresco. Asimismo, destacan los zócalos de azulejería toledana de estilo mudéjar.
En la torre de levante, estuvo retenida y prisionera la princesa de Éboli, doña Ana de Mendoza y de la Cerda, entre 1581 y 1592, por orden de Felipe II.
En 1997, la Universidad de Alcalá de Henares adquiere el palacio y emprende obras de restauración y de finalización del mismo, siendo los arquitectos Carlos Clemente y Antonio Fernández Alba.

PLAZA DE LA HORA
s la gran plaza de armas que se abre ante el Palacio Ducal, prestándole su anchura para hacerse ganar a la casa fuerte en presencia, elegancia y, en definitiva imagen de poder. Se usaba para hacer paradas militares, recibimientos principescos, etc. Recibe su nombre debido a la época del encarcelamiento de la Princesa de Éboli, ya que, durante su encierro el único contacto que tenía con el exterior era poder salir a la reja del torreón del levante durante una hora al día.
Por la plaza de la Hora se pone el Sol. Enlutada una señora vela al señor Suena triste una campana con suave amor. Por el cielo de Pastrana vuela el Azor.
Camilo José Cela

PALACIO VIEJO
Fue el único edificio construido fuera de la muralla medieval, como Hospedería de la Orden de Calatrava.

BARRIO DEL ALBAICÍN
En 1570 se produjo la entrega, por don Juan de Austria al duque de Pastrana, de doscientas familias de moriscos expatriados de las Alpujarras, para que los sitúe en Pastrana, construyendo entonces el Barrio del Albaicín.
PLAZA DE TOROS
ita en la plaza de mercado de los moriscos, se inaugura oficialmente en 1885, siendo la plaza de toros más antigua de la provincia de Guadalajara.
CASA DE MORATÍN
En ella se cree que el Leandro Fernández de Moratín escribió algunas de sus obras más célebres como “El sí de las niñas”.

CASA DEL DEAN
Es un palacio del siglo XVII en sus finales, que fue construido como hospital de San Miguel y para servir de residencia al clérigo que presidia la Iglesia Colegiata.
CONVENTO DE SAN FRANCISCO
Fundado en 1436 en el sitio de Valdemorales, se traslada a extramuros de Pastrana en 1460. Construyéndose en diferentes épocas, lo más antiguo de lo que hoy se conserva son los cuatro muros de cal y canto y la espadaña de la iglesia.

MURALLA Y ARCO DE SAN FRANCISCO
En 1369, la Orden de Calatrava, consiguió, para Pastrana, el nombramiento de Villa. Es por entonces cuando comienza la construcción de su fuerte muralla, que la rodeaba entera y la constituía en villa fuerte.
PALACIO DE BURGOS
Este gran caserón o casa solariega, es el denominado palacio de los Burgos, el cual sobre su fachada principal, y sobre su portón arquitrabado que le sirve de entrada, ofrece el escudo de armas de esta familia timbrado por la clásica celada que señalaba su hidalguía.
COLEGIO DE SAN BUENAVENTURA
Fue mandado construir por el arzobispo Don Pedro González de Mendoza en 1628, con destino a Colegio y albergue de los niños que debían participar con sus cantos en las ceremonias religiosas a celebrar en la Colegiata.
SINAGOGA JUDÍA
Se tiene la fundada creencia de que este antiguo caserón albergara en su día la sinagoga judía. Ello lo certifican los detalles ornamentales, que en su fachada contemplamos, grabados sobre estuco y con evidentes señales de mudejarismo. En este grabado aparece la denominada estrella de David, de seis puntas, de origen judío.

CASA DEL CABALLERO CALATRAVO
La Orden de Calatrava obtiene del Rey Alfonso VIII, en 1174, el gran alfoz de Zorita, a cuyo Común de Villa y Tierra perteneció desde el primer momento la aldea, en aquel momento, de Pastrana. Esta casona es un ejemplo de arquitectura popular de la época, la cual perteneció, como afirma su escudo, a algún caballero calatravo.

CASA DE LA INQUISICIÓN
La Calle de la Palma lleva este nombre por tener su primera casa un escudo de armas en el que se ve una cruz, una palma y una espada, en simbolismo elocuente de haber sido la sede en Pastrana del Santo Oficio de la Inquisición.

FUENTE DE LOS CUATRO CAÑOS
Es sin duda, uno de los elementos urbanos emblemáticos de la villa de Pastrana. Gran fuente señorial del siglo XVI y se ubican en cuatro laterales los cuatro mascarones en relieve sobre los que salen los caños del agua. Estos mascarones son todos diferentes lo que ha suscitado distintas hipótesis en cuanto a simbología se refiere.

CASA DEL CONCEJO
El edificio del Concejo es un gran caserón revestido en su fachada del clásico aparejo toledano con sillarejo, alternando con anchas hiladas de ladrillo. En el muro frontal se empotra el antiguo escudo municipal tallado en piedra.

CASA DE LOS CANÓNIGOS
Es esta una antigua casa, de alta galería abierta, con arcadura de ladrillos, en donde vivieron los clérigos capitulares de la iglesia Colegiata.

IGLESIA COLEGIATA
Fue levantada originariamente hacia el siglo XIV como Iglesia Parroquial de la Villa Calatrava. Recibió añadidos y detalles, como la portada norte que fue construida en estilo gótico de finales del S. XV, y finalmente la gran ampliación de las naves y el crucero en la primera mitad del siglo XVII, promovida por el Arzobispo Fray Pedro González de Mendoza, hijo de los primeros duques de Pastrana. Su interior alberga el magnífico Museo Parroquial, muy denso en contenido, destacando la colección de tapices góticos de Alfonso V de Portugal.
BARRIO DE LA PLAZA ABAJO
La visita a Pastrana no acaba en la contemplación de sus monumentos, sino que continua con el paseo, tranquilo, dispuesto a recibir sorpresas, por las calles, callejas y rincones que la villa tiene en rededor de esta plaza.

CONVENTO DE SAN JOSÉ
Fundado por Santa Teresa de Jesús y los duques de Pastrana en 1569, el convento es una reunión de casas. En una de ellas, en el siglo XVII se hizo la hermosa y sencilla iglesia actual de una sola nave y con un campanario de espadaña. Perteneció a la Reforma del Carmelo, hasta que, tras los problemas con la Éboli, fue ocupado por monjas franciscanas concepcionistas.
CONVENTO DEL CARMEN
Fundado por Santa Teresa de Jesús, al llamado de los primeros duques de Pastrana, en 1569. Entre sus religiosos destaca la figura de San Juan de la Cruz que fue maestro de novicios. Estuvo ocupado por Frailes Carmelitas hasta la desamortización de Mendizábal (1836). Más tarde, en 1855, fue ocupado por la Orden Franciscana, que lo utilizó como seminario para formar a los misioneros que enviaban a extremo oriente.

ERMITA DE SAN PEDRO Y SAN JUAN DE LA CRUZ
La ermita de San Pedro, ya existente en la Edad Media, fue en torno a ella que surgió la idea de colocar la que luego sería gran institución carmelitana, Convento del Carmen. Bajo las irregularidades de la roca tobiza en que se sustenta, vemos la cueva de San Juan de la Cruz, donde dice la tradición que el fraile abulense, en su época de maestro de novicios en este convento carmelita de Pastrana, se retiraba algunas breves temporadas a meditar.