ULLASTRET


Si te interesa la historia, Ullastret es una parada obligatoria. Esta zona arqueológica es una de las ciudades íberas más bien conservadas de Cataluña y en ella se ha construido un museo que explica muy bien lo que se conoce de los íberos hasta el día de hoy.

La entrada son 5€ e incluye una audioguía muy entretenida, pero si quieres conocer Ullastret y la cultura íbera con más profundidad, también puedes hacer una visita guiada.

Sobre el Puig de Sant Andreu en el Baix Empordà, la ciudad ibérica de Ullastret es el asentamiento íbero más grande descubierto hasta ahora en Cataluña. La ciudad, flanqueada por imponentes murallas, ejercía como capital de todo el territorio indiketa, y explotaba agricultura, ganadería, minas y canteras. Era el centro de un importante intercambio comercial con la ciudad griega de Empúries, donde  exportaba sus productos e importaba producción exterior. Ullastret domina el paisaje suave del Empordà y ha sido testigo de uno de los hallazgos arqueológicos más importantes de los últimos años: las cabezas cortadas de Ullastret.

Este descubrimiento excepcional se hizo en 2012, cuando las excavaciones en un tramo de calle pusieron al descubierto 15 fragmentos craneales humanos, entre los que había dos cabezas enclavadas. Se trata de una práctica ritual de origen celta que ya habían descrito autores clásicos como Posidonio de Apamea o Diodoro de Sicilia, que consiste en exhibir la cabeza del enemigo vencido como un trofeo de guerra.

A pesar de que el conjunto de Ullastret está formado por dos poblados ibéricos, sólo son visitables los restos del Puig de Sant Andreu, que corresponden a la última etapa de ocupación del poblado por parte los indiketas (siglo III a.C.). El itinerario permite ver la muralla ibérica más grande y antigua de Cataluña, reforzada con seis torres circulares.

El visitante puede entrar en las casas rectangulares desde las más modestas hasta las construcciones de las familias más importantes (la aristocracia íbera); puede caminar por la calle empedrada y descubrir el sistema de recogida de agua mediante cisternas excavadas en la roca, a imagen de las existentes en la colonia griega de Empúries. La vida espiritual de los antiguos habitantes de Ullastret ha dejado su huella con los restos de tres templos, de los siglos IV y III a.C. Completa el conjunto el Museo monográfico de Ullastret, que permite interpretar el yacimiento y conocer la cultura ibérica en la zona nordeste de Cataluña. El conjunto de Ullastret es una de las sedes del Museo de Arqueología de Cataluña.



  

CALELLA DE PALAFRUGELL


El núcleo urbano de Calella forma parte del municipio de Palafrugell, ubicado en el Baix Empordà. Es uno de los pocos de toda la Costa Brava que aún mantiene su encanto original.

Este antiguo pueblo de pescadores, es conocido por sus calles estrechas y casas blancas con contraventanas de tonalidades verdes y azules. Está perfectamente integrado en el paisaje salvaje, típico de esta zona del litoral catalán; rodeado de pinos y rocas.


Una vez lleguéis a la localidad, os recomendamos caminar hasta el conjunto histórico del Port Bo y les Voltes, una calle con mucho encanto, donde encontraréis las encantadoras casas de pescadores de antaño. Actualmente, los bajos de estas casas albergan algunos de los restaurantes más populares de Calella.

A partir de aquí, podéis continuar por alguno de los diversos callejones del núcleo antiguo, como por ejemplo, la calle de la Gravina, y acercaros hasta la iglesia de Sant Pere, de finales del siglo XIX, donde podréis admirar el emblemático reloj de su campanario.

Entre las construcciones más pintorescas del pueblo, destacan la Casa Rocamora, situada en un terreno rocoso; la Casa Verdaguer, de finales del s. XIX, y la Casa Sagrera, que presenta una estética neoclásica.

Por su parte, el paseo del Canadell, ubicado al norte de la playa de Port Bo, aglutina una serie de casas de estilos bastante diferentes entre sí, pero que en conjunto, crean una armoniosa combinación.

Además, en la playa del Canadell, podréis ver otra de las construcciones más características de la población costera; los guarda botes, una especie de sótanos con puertas de diferentes colores que, antiguamente, servían para guardar las barcas y el material de los pescadores.

Actualmente, en la mayoría de estos «trasteros» se han establecido bares y restaurantes, o bien, son propiedad de particulares.

Desde el mirador de Manel Juanola i Reixach, farmacéutico de Palafrugell y conocido por ser el inventor de las pastillas Juanola, tendréis una vista panorámica de la playa del Canadell y del Port Bo.

Otro de los miradores y, de hecho, el que ofrece las mejores vistas del pueblo en conjunto, es el que se ubica en la Punta de los Burricaires, entre la playa del Pelegrí y la cala de la Platgeta.

Finalmente, al sur de la localidad, dentro del Espacio Natural Protegido de Castell-Cap Roig, se encuentran los famosos jardines de Cap Roig. Desde este encantador jardín botánico, disfrutaréis de unas vistas espléndidas del litoral más auténtico de la Costa Brava.

 



LLAFRANC

 

La playa de Llafranc, situada en el pueblo con el mismo nombre, se encuentra protegida por una bahía. El antiguo pueblo de pescadores se ha convertido en un importante centro turístico.

Tiene 347 metros de longitud por 29 de amplitud media. La arena es de grano medio y la pendiente de entrada al mar es poco pronunciada. Dispone de todo tipo de servicios, así como de rampas de acceso para personas con movilidad reducida.

Está flanqueada por un paseo marítimo arbolado, el paseo de Cypsele, en el que hay una buena oferta de bares, restaurantes, heladerías y otros comercios. El ambiente de la playa es muy familiar. La montaña de Sant Sebastià, situada a la izquierda de la localidad, protege la playa los días que sopla la tramontana.

El club náutico del puerto organiza cursillos de vela ligera y en verano suele haber numerosas embarcaciones de recreo fondeadas frente a la playa.

Detrás del puerto, un camino de ronda lleva hasta Tamariu, pasando por el faro de Sant Sebastià y por la Cala Pedrosa. A la derecha de la playa hay otro camino, más corto y menos abrupto que el anterior, que conduce hasta Calella.

Frente a la playa se encuentran unos islotes sumergidos conocidos como Els Ullastres. Suelen estar muy frecuentados por los centros de submarinismo gracias a su abundante fauna y a las espectaculares praderas que se encuentran en ellos. 

 

CALONGE i SANT ANTONI


Descubre el Calonge medieval, con un casco antiguo excepcional: la calle porticada del Càcul, la plaza de la Doma o la plaza Major, donde te espera el castillo totalmente integrado en el pueblo. También puedes aprovechar para visitar las librerías de la ruta Calonge Poble de Llibres, que convierte al municipio en la primera booktown (‘ciudad del libro’) de Cataluña. Podrás conocer el Calonge aún más antiguo, con los abundantes dólmenes en el valle de Ruàs y el poblado ibérico de
Castellbarri. Si te gusta pasear por la naturaleza, una gran extensión de viñedos te espera en la Conca del Tinar, donde podrás aprender las dos formas de elaborar vino en Calonge: el vino de la DO Empordà, en diferentes bodegas del municipio, y el vino de payés, en las diferentes masías de la población, donde todavía se conserva la forma tradicional de obtener vino.



En Sant Antoni, una larga playa de arena te da la bienvenida a ti y a los tuyos, con servicios como el Espai Nadó, con todas las comodidades para disfrutar de un día de playa con los más pequeños de la familia, o el Club Infantil de Playa, donde los niños y niñas pueden pasar un rato de ocio con monitores en un espacio delimitado en la misma arena. En verano, con el programa de actividades Estiu Actiu, los más pequeños podrán realizar más de quinientas actividades diseñadas para ellos (¡y para ti!). Pero si buscas un baño tranquilo, solo tienes que recorrer unos metros y encontrarás, en el camino de ronda, las calas escondidas entre las rocas: cala Roques Planes, Racó de les Dones, Racó dels Homes, cala del Forn, cala Cristus – Ses Torretes. El pasado también se refleja en Sant Antoni, con el dolmen de Puig Ses Forques o el monasterio de monjas benedictinas y la ermita de Santa Maria del Mar, en el paraje del Collet.



 

BLANES


La Costa Brava tiene su puerta de entrada en Blanes, más concretamente en la roca de Sa Palomera.

Blanes es un pueblo culturalmente rico, fuente de inspiración para muchos escritores y artistas. Si nos dejamos perder por sus calles, podremos disfrutar de sus elegantes casas ochocentistas y de algunos restos interesantes del gótico catalán, entre los que destaca la fabulosa fuente construida durante el siglo XV.

Cada año, a finales de julio, se celebra uno de los eventos más emblemáticos de Blanes y de la zona sur de la Costa Brava, el Concurso Internacional de Fuegos Artificiales. Un espectáculo con más de un siglo de tradición que cada verano consigue reunir a miles de personas en las playas del municipio.

Además, Blanes cuenta con una rica oferta de actividades acuáticas como Kayak o Paddle Surf, que nos permitirán conocer en primera persona su bonito frente marítimo.

Blanes también es conocido por su gastronomía, que otorga protagonismo a los sabores tradicionales de la cocina catalana y a la frescura de los productos del mar. En el paseo marítimo y por las calles del centro histórico, encontrarás una gran variedad de restaurantes y bares que ofrecen desde tapas hasta platos más elaborados. No te pierdas la oportunidad de degustar un suculento arroz caldoso con marisco o una fideuá, platos típicos que reflejan la esencia mediterránea del municipio.

Te proponemos una ruta para conocer algunos de los rincones más emblemáticos de Blanes.

Empezamos en Sa Palomera, la formación rocosa que marca el punto de entrada a la Costa Brava. Desde aquí, podemos disfrutar de unas vistas increíbles sobre el pueblo, principalmente del Paseo de Mar, la playa S'Abanell, la Playa de Blanes y, más lejos, el puerto.

Seguimos por el Paseo de Mar, con la playa a mano derecha y los locales de restauración a mano izquierda. Al final del paseo podemos observar la montaña y el castillo de Sant Joan, al que iremos más tarde, y el puerto pesquero y deportivo al que nos dirigimos. En el puerto encontramos varios bares y restaurantes donde comer y tomar algo, disfrutar del sol y contemplar las barcas amarradas. El paseo nos acaba conduciendo hasta la playa de Santa Ana, situada detrás del puerto.

Volvemos por donde hemos venido y giramos a la derecha por la calle Ample. Subimos la calle pasando por delante de Plaça Espanya, la Fuente Gótica y el teatro de Blanes hasta girar a la derecha por la Calle Raval. Seguimos adelante dejando la iglesia a mano derecha, y al final de la calle giramos a la izquierda por la calle dels Filadors. Desde aquí, vamos serpenteando por las callejuelas durante aproximadamente un kilómetro y medio, hasta llegar al castillo de Sant Joan.

Desde el Castillo de Sant Joan disponemos de una panorámica sensacional sobre la población de Blanes. Es un lugar ideal para realizar la fotografía perfecta entre el arco que forma el castillo, que nos permite captar toda la playa, el Paseo de Mar y Sa Palomera.

Salimos del Castillo en dirección Cala Sant Francesc. De camino, nos detenemos en Jardín Botánico Marimurtra, un espacio fantástico que nos permite disfrutar de un paseo entre muchísimos ejemplares de plantas de todo el mundo y de un mirador con vistas espectaculares a Sa Forcanera.

Acabamos nuestra ruta en la Cala Sant Francesc, donde podemos saborear una gastronomía excelente en el restaurante Cala Bona, situado a pie de playa, y disfrutar de las fantásticas aguas de ese espacio natural.

 

SANT FELIU DE GUIXOLS


Historia y tradición

Es casi seguro que el topónimo de Guíxols remite a orígenes íberos y designaría alguna clase de fortín o lugar de salvamento. De hecho, a esta civilización pertenecen los primeros asentamientos humanos localizados en la zona (siglo IV a. C.).

Después de la romanización, se estableció en Sant Feliu el monasterio benedictino, que poseyó la señoría feudal del término hasta bien entrado el siglo XIX (1835), coincidiendo con el declive del sistema político del Antiguo Régimen.

En este intervalo, Sant Feliu de Guíxols despuntó en el terreno marítimo y pesquero. Eran muy reconocidas sus industrias artesanales de salazones, así como las de tejido de redes y construcción de barcos, especialmente entre los siglos XVI y XVII. La industria del corcho, todavía hoy en día activa, se empezó a desarrollar en el siglo XVIII.

Durante el siglo XIX la pujanza de esta industria, junto con lo que obtuvieron los vecinos de Sant Feliu de Guíxols que buscaron fortuna en las Américas (los indianos), contribuyeron a mantener la riqueza y prosperidad del municipio, que desde mediados del siglo pasado ha tenido como protagonista el turismo.

Sant Felíu de Guíxols es un municipio de gran relevancia turística y comercial, que ofrece todo tipo de actividades culturales, lúdicas y deportivas para garantizar al visitante una estancia completa.

Además del atractivo de las playas y calas rodeadas de pinares (Sa Crestera, del Vigatà o Jonca) y el encanto de localidad marinera, Sant Felíu de Guíxols destaca por una amplia oferta deportiva, por su patrimonio histórico (especialmente de arquitectura modernista, como el casino de la Constància) y por el prestigioso Festival Internacional de Música de Porta Ferrada.

En Sant Feliu de Guíxols hay muchos edificios de gran interés histórico y arquitectónico, testimonios del Modernismo y de la arquitectura indiana de finales del siglo XIX. Visitarlos nos permitirá confeccionar una apasionante ruta cultural.

De estos edificios, la mayoría civiles, podemos destacar la casa Casas (1914-1916), la casa Lloret (1909), la casa Maynegre (1898), la casa Maruny (1909) o el casino de la Constància (1888), construcción singular que incorpora reminiscencias árabes en la decoración y que es la sede de la entidad que lleva el mismo nombre. También es destacable el edificio que acoge al Ayuntamiento, una elegante construcción del siglo XVI de tonalidades cremosas y estilo tardorrenacentista.

El conjunto arquitectónico más importante de la ciudad es el monasterio de Sant Feliu, documentado desde el siglo X y que albergó una comunidad benedictina. El edificio barroco del monasterio data del siglo XVIII, pero el recinto amurallado ofrece ejemplos constructivos de todas las épocas desde los siglos IX-X (como la Porta Ferrada). Actualmente, alberga el Museo de Historia de la Ciudad, que ofrece exposiciones, tanto temporales como permanentes, de las más diversas temáticas y épocas históricas: desde la vida de los primeros pobladores hasta muestras de la cotidianidad del municipio durante el siglo pasado.

La ermita de Sant Elm, por su parte, es un templo del siglo XVII construido encima del terreno donde mucho tiempo antes, en el siglo XIII, se erigía una fortificación y dos siglos más tarde, el 1452, una capilla dedicada a san Telmo. El edificio actual, de 1723, permite disfrutar de unas impresionantes vistas de Tossa a Begur.

Sant Feliu también dispone de dos importantes y curiosos museos. El Museo de Historia del Juguete, situado en la rambla Vidal, presenta una colección de más de 3.500 valiosos juguetes antiguos de entre los años 1875 y 1975, recogidos por Tomàs Pla.


El Museo de Chapas de Cava y Champagne, por su lado, expone 22.000 piezas de la colección de chapas de la familia de Josep Albó i Juncà, la más importante del mundo, formada por 42.000 piezas en total, muchas de ellas únicas y excepcionales.

El litoral de Sant Feliu de Guíxols es rico en playas para todos los gustos. Junto con las playas de arena más fina y aguas más cálidas, muy reclamadas por los visitantes año tras año (como las de Sant Pol, Sant Feliu o Canyerets), el paisaje costanero ofrece también multitud de pequeñas calas rodeadas de un entorno natural privilegiado donde predominan los pinares.


Algunas de estas calas acogedoras, ideales para buscar un baño de tranquilidad, son la de Sa Caleta, la cala del Vigatà, la cala Jonca o la cala Ametller. Además, a la mayoría de calas se puede acceder fácilmente, incluso a pie.

Otra manera de disfrutar del mar es realizando alguna actividad náutica. En este sentido, el puerto de Sant Feliu de Guíxols es una referencia.


Ligada también con el entorno natural, otra buena opción es seguir las rutas que atraviesan los paisajes del municipio y adyacentes. Son itinerarios que permiten descubrir rincones alejados de la línea litoral y disfrutar de magníficas vistas, como la del collet de la Mare de Déu o la de Pedralta. La Ruta Literaria de los Miradores con Oficios Femeninos es una curiosa propuesta que enlaza nueve miradores que llevan por nombre oficios tradicionales como pescateras, modistas o payesas.

Por otro lado, la antigua vía del carrilet, por la que pasaba un tren de vía estrecha que hacía la ruta desde Girona, está actualmente adaptada como vía verde, ideal para los amantes del cicloturismo.


En septiembre Sant Feliu de Guíxols se convierte en un paraíso de feriantes y curiosos, con todo un conjunto de ferias reunidas bajo el nombre de Sant Feliu s'Enfira, que ofrece muestras muy curiosas y variadas: la Feria Jocantic (de juguetes antiguos), la Feria Autocasió (de vehículos de ocasión), la Feria Patchwork o la Feria Mercadisc (de discos de vinilo).

Para los amantes de la cultura y de los espectáculos en vivo, Sant Feliu ofrece, entre los meses de julio y agosto, el Festival Internacional de Música de la Porta Ferrada, un certamen que se consolida año tras año como una de las grandes ofertas veraniegas del género, y que reúne grandes nombre de la canción de autor, el jazz, la música clásica o las músicas del mundo.

En agosto también se celebra el festival de música independiente Sant Feliu Fest. 


LLORET DE MAR


Conoce los lugares que no deberías perderte si visitas Lloret de Mar: los Jardines de Santa Clotilde, el Museo del Mar, la Iglesia de Sant Romà o el cementerio modernista. Estos son solo algunos de los lugares más emblemáticos de nuestro municipio, donde cada rincón te hará vivir una experiencia única e inolvidable.

El pasado indiano la rodea. Cuando regresaron los lloretenses que partieron a las Américas a hacer fortuna, se encontraron con un pueblo triste y empobrecido, muy diferente al que estaban acostumbrados.


Fueron diferentes familias indianas las que comenzaron con la reforma para la construcción de una nueva iglesia, que comenzó en 1912 y terminó en 1930.

Con la Guerra Civil, la parte interior quedó destruida pero la estructura consiguió mantenerse en pie.

Terminada la guerra, con las donaciones de algunos indianos como Narcís Gelats, se decidió construir una nueva iglesia más grande y moderna hasta conseguir el aspecto que luce en la actualidad con dos hermosas capillas laterales: la del Santíssim y la Baptismal.


Jardines de Santa Clotilde

Situados encima de un acantilado entre Cala Boadella y la Playa de Fenals y con unas impresionantes vistas sobre el mar, no te puedes perder uno de los tesoros mejor guardados de Lloret de Mar.

El marqués de Roviralta (Raúl Roviralta), un enamorado de los jardines románticos italianos de la época renacentista, decidió encargar la construcción de estos jardines para poder disfrutar de su uso personal, entrando así a formar parte del movimiento novecentista de Cataluña.

Pero mucho antes de que todo esto sucediera, Roviralta había conocido a Clotilde Rocamora, una joven de Barcelona que llegó a Lloret de Mar en 1917, cuando todo eran viñedos.


El marqués decidió comprarlas, convirtiéndose así en el propietario de siete viñedos.

Para cumplir su sueño y crear los jardines, contactó con Nicolau Rubió i Tudurí, arquitecto paisajista, para realizar el proyecto.
Los jardines comenzaron así a construirse en 1919, pero en 1927 Clotilde, todavía muy joven, murió sin haberlos podido ver acabados. Este suceso paralizó el proyecto hasta que, un tiempo más tarde, el marqués conoció a Odile, su segunda esposa, y dos años después se reanudaron las obras y se continuó con la construcción de los jardines.


La construcción no terminó hasta la finalización de la guerra civil española y llevan el nombre de Clotilde en honor a la primera esposa del marqués.

Los jardines pertenecieron a la familia Roviralta hasta que en 1997 el Ayuntamiento decidió adquirirlos, reformarlos y convertirlos en patrimonio municipal. En 1994 fueron declarados Bien Cultural de Interés Nacional por la Generalitat de Cataluña.


Playas

Nuestras playas te ofrecen el mejor lugar para pasar tus vacaciones bajo el sol de la Costa Brava. Desde playas urbanas con todos los servicios hasta pequeñas calas escondidas, Lloret de Mar te ofrece diferentes opciones para que disfrutes de tu estancia cerca del mar.


Orgullosamente podemos decir que somos una de las poblaciones de Cataluña con más banderas azules, ya que tanto la playa de Lloret como la de Fenals, Santa Cristina, Cala Canyelles y Sa Boadella cuentan con este galardón que reconoce la calidad de nuestras playas.