HONFLEUR


Dos cosas sorprenden en Honfleur. La primera, su trazado de casitas medievales muy bien conservadas reflejando una postal perfecta en las aguas de su puerto interior. Segunda, una iglesia de madera con campanario separado -la más grande de esta clase en toda Francia- al estilo de las que hay en Escandinavia, ¡Sainte – Catherine es el mayor tesoro que ver en Honfleur!

Ubicado en la desembocadura del río Sena, este pequeño pueblo es un turístico enclave con unos 6.700 habitantes. Ya a finales del siglo XIX los maestros impresionistas Claude Monet, Gustave Courbet y Johann Jongkind lo pusieron de moda al fundar aquí la École de Honfleur, una de las precursoras de este movimiento artístico que dio inicio a las vanguardias contemporáneas. El pintoresco puerto fue retratado numerosas veces por las pinceladas sueltas de estos pintores, en su eterna obsesión por descomponer la luz. Hoy esta estampa se conserva como antaño gracias a que Honfleur -al contrario que Le Havre, en la orilla norte del Sena- no fue bombardeado durante la Segunda Guerra Mundial, salvando su patrimonio. Honfleur es uno de los pueblos más bonitos de Normandía.



Solo llegar, ya nos sorprendió la ubicación de la oficina de turismo, un edificio de cristal, rodeado de miles de flores, ¡ Hay que resaltar el nombre de la población! allí alquilamos una audioguia en castellano que, nos ilustro a lo largo de nuestra visita.

Todos los lugares que ver en Honfleur

Más allá de la luz, que damos fe de que es espectacular, hay mucho que ver en Honfleur: desde las calles medievales hasta una iglesia de madera del siglo XV pasando por un puerto interior y casas y casas de entramado de madera. Eso sí, no vas a ser el único que tenga la original idea de visitar esta joya de Normandía: más de tres millones de turistas visitan Honfleur al año –un pueblo con unos ocho mil habitantes–… Eso sí, a primera hora, antes de que lleguen los grupos, Honfleur será todo tuyo.



Paseando por el barrio de pescadores de Sainte-Catherine

Los barrios de pescadores tienen un algo especial: las pequeñas casas cerca del puerto, las estrechas callejuelas, un ambiente histórico –casi esperas que la mujer de un pescador de la Edad Media lance el agua de un cubo por la ventana en cualquier momento–… Es así en todo el mundo y, tal vez por eso, los que han sobrevivido se han transformado en barrios turísticos llenos de restaurantes, 

El barrio de Sainte-Catherine en Honfleur sigue la tónica universal y, sin duda, fue donde nos cruzamos con la mayor cantidad de turistas en nuestro paso por el pueblo normando. Pero, ¿quién va a dejar de pasear por callejuelas medievales en las que casi no entra la luz del sol? El arte que atrajo a los impresionistas hoy se muestra en galerías y tiendas de artesanía.

No te agobies entre las callejuelas, no te puedes despistar, el tamaño de Honfleur no da para muchos agobios. Sin que te des cuenta, volverás a ver el agua.

No te pierdas la plaza del mercado alrededor de la iglesia. Si tienes la suerte de visitar Honfleur en miércoles o sábado, te encontrarás con un mercado de productos orgánicos y uno tradicional, respectivamente.




La iglesia de Sainte-Catherine

La iglesia de Sainte-Catherine, Santa Catalina, es una rareza. Después de la Guerra de los 100 años, Honfleur estaba casi destruido –que no fuera bombardeado después no significa que no sufriera en otras guerras–. El caso es que la iglesia también estaba en bastante mal estado. La piedra era un material caro y los pescadores no podían permitírselo… así que, en el siglo XV, levantaron la iglesia –directamente los propios pescadores, nada de maestros de obra– con madera.

En el interior nos chocó encontrarnos con dos naves simétricas y con dos altares, uno al final de cada nave. Sí, se quedó pequeña. Se construyó con una única nave y, antes de acabar el siglo XV, 1496, empezaron a trabajar en su “gemela”. Una curiosidad, el suelo es el original.

No sabemos si los pintores entraron también a la iglesia, pero, como en el resto del pueblo, la luz que hay en su interior es especial: una atmósfera cálida y acogedora. Los colores, los olores, los sonidos… nada es como en una iglesia de piedra, ni como en otras iglesias de madera en las que hemos estado.





El muelle interior, Vieux Bassin,.

La imagen que teníamos en mente de Honfleur era la que aparece en todas sus postales: la de su muelle interior. Estrechos edificios de piedra casi en el mismo muelle y barcos de vela flotando perezosos en el agua bajo un cielo azul de nubes algodonosas.

¿Por qué aquí son de piedra los edificios, en una ciudad con tantas construcciones de madera? Porque es una de las partes más nuevas de Honfleur. A finales del siglo XVII, por orden de Colbert, se amplió el pequeño refugio para las barcas y se construyó el muelle. Fue necesario destruir la muralla que protegía al pueblo –los barrios de Santa Catalina y Saint Léonard estaban extramuros– y se construyeron las casas del Vieux Bassin.

El único vestigio que queda de esa antigua muralla es una de sus dos puertas –la otra se destruyó–, la puerta de Caen. Allí se encuentra la Lieutenance, la vivienda del antiguo teniente del rey.



Más lugares que visitar en Honfleur

Recorriendo las calles del pueblo nos fuimos encontrando con edificios históricos como los almacenes de sal –greniers à sel– en la rue de la Ville, hoy transformados en sala de exposiciones; la mansión de Roncheville –manoir de Roncheville–, donde residía el gobernador de Honfleur; la antigua iglesia de Saint-Etienne, hoy museo de la marina; el museo de Eugène Boudin, un ilustre honfleurais.

La capilla de Notre-Dame de Grâce

Al oeste de Honfleur se alza la meseta de Grâze. Además de por la vista sobre el mar y el estuario del Sena, subimos para ver uno de los santuarios más antiguos de la zona: la capilla de Notre-Dame de Grâce, de principios del siglo XVII.







Honfleur desde lo alto, el mirador de Mont-Joli

Si lo que quieres es ver los tejados y el trazado medieval de Honfleur desde arriba, tu lugar –como el nuestro, que nos gustan las alturas más que a un tonto un lápiz– es el mirador de Mont-Joli. Seguirás viendo el estuario del Sena y el famoso, y gigantesco, puente de Normandía.


Recorridos por Honfleur

Ya he dicho que es difícil perderse en Honfleur, pero eso no impide que la oficina de turismo haya desarrollado varios recorridos por sus callejuelas. Anímate a seguir los pasos de los pintores impresionistas –hay varios carteles con reproducciones de sus obras delante de los lugares que les sirvieron de modelos.


 

LE HAVRE


La escala de barcos de cruceros en Le Havre es frecuente debido a ser el puerto más cercano a París, a la que se puede acceder en ferrocarril a poco más de hora y media de viaje, que a la par transcurre por unos hermosos paisajes, lo que la convierte como el puerto natural de la capital francesa.

Desde aquí se puede optar por varias alternativas, además de la propia Le Havre, como podrían ser, Rouen, la histórica ciudad de Juana de Arco, las costas de Normandia, para aquellos interesados en los hechos de la Segunda Guerra Mundial, o por la mundialmente conocida Abadía de Mont Saint Michel.

En nuestro caso, tomaremos un taxi a la llegada del crucero para desplazarnos hasta la próxima Honfleur.



Barrio de le Perret

Durante la II Guerra Mundial, los alemanes ocuparon El Havre con casi 40.000 soldados, convirtiéndolo en una base militar estratégica. Para recuperar el control del puerto, los aliados tuvieron que bombardear Le Havre varias veces y debilitar la ocupación nazi, pero la ciudad fue arrasada casi por completo. En 1945, el proyecto de reconstrucción de El Havre se confió a Auguste Perret, arquitecto especializado en hormigón. Las directrices del diseño urbano consistían en reconstruir de forma económica, robusta y rápida. Gracias a un diseño basado en la estandarización y la prefabricación, la ciudad se reconstruyó muy rápidamente, mediante una arquitectura de hormigón única derivada del movimiento moderno de los años 50/60. Para comprender la geometría del nuevo trazado urbano, te recomendamos que subas a la planta 17 de la torre del ayuntamiento: a 60 metros de altura, tendrás una vista panorámica de 360° de la ciudad. Podrás divisar el espacio urbano racionalizado en nuevas formas cuadradas, esquemáticas y estandarizadas, organizadas en barras de hormigón. Cada edificio se compone de vigas, separadas exactamente 6,24 metros.

Apartamento Témoin Perret

Para sumergirte en el ambiente de posguerra y comprender las pautas de la reconstrucción, puedes visitar el Apartamento Témoin, en el barrio de Perret, completamente amueblado y decorado al estilo de los años 50: utilizado como modelo para la construcción de nuevas viviendas, permite descubrir los servicios diseñados para los habitantes de la época. Los apartamentos del barrio de Perret están equipados con todas las comodidades, modernas y avanzadas para la época: calefacción, agua corriente, aseos y primeros cuartos de baño. La visita guiada te permitirá descubrir un apartamento funcional, luminoso y racional, en el que no se desperdicia ningún espacio.

El Vulcano

En el centro del barrio de Perret, divisarás un extraño edificio: el Vulcano, apodado el Yogur, por los habitantes de El Havre. Es obra del arquitecto brasileño Oscar Niemeyer. Nacido como centro cultural, en 1991 se convirtió en un teatro con capacidad para 800 personas, con un programa de actos variado y ecléctico: conciertos, teatro, danza, lecturas, debates, circo, talleres, reuniones. La estructura es única y está llena de detalles artísticos por descubrir, como la Mano de Niemeyer.

Biblioteca Oscar Niemeyer

Junto al Volcán hay un segundo cráter, más reciente, construido en una continuidad estilística por el mismo arquitecto Oscar Niemeyer. Este original edificio alberga una magnífica mediateca: a lo largo de los años se ha convertido en un importante lugar de encuentro e intercambio para los habitantes de El Havre. La estructura se diseñó para crear un entorno envolvente y acogedor en el que se puede comer, estudiar, trabajar, escuchar música o ver vídeos en grandes pantallas de libre acceso. Lo que hace que la biblioteca sea realmente única es, sin duda, su estructura y diseño. Entre la arquitectura futurista y la retro, este llamativo e innovador espacio de 5.000 m2 está formado por un impresionante techo de cristal, que ilumina naturalmente el atrio de la biblioteca. Recomendamos una visita a este edificio, lleno de tesoros ocultos y todo tipo de salas diferentes, para dejarse hechizar por el poder de la arquitectura moderna.


Museo de las Bellas Artes André Malraux - MuMa

Este importante museo alberga una de las mayores colecciones de obras impresionistas de Francia, sólo superada por el Museo de Orsay de París. Con su arquitectura futurista centrada en los espacios acristalados y la abundancia de luz, el museo alberga permanentemente obras de grandes pintores como Degas, Renoir, Monet, Pissarro, Sisley y Boudin.

Iglesia de San José

En medio del horizonte de la ciudad puede verse un faro: en realidad no es más que una iglesia moderna. Fue construida en memoria de las víctimas de la II Guerra Mundial, diseñada por Auguste Perret. Su interior es absolutamente único y original: el altar está situado en el centro de una torre, que se convierte en una auténtica claraboya, gracias a sus 12.768 cristales de colores. El sol y las nubes crean increíbles juegos de luz y color, por lo que te recomendamos que visites la iglesia un día que no esté ni muy soleado ni muy nublado, para apreciar mejor el espectáculo de luces.



Catedral de Le Havre

El 90% de la ciudad de El Havre fue arrasada durante los bombardeos del 5 y 6 de septiembre de 1944. La catedral de Notre Dame es uno de los pocos edificios que siguen en pie, a pesar de los importantes daños estructurales: su restauración duró hasta 1974. Hoy es posible admirar la fachada clásica, que presenta una superposición de diferentes decoraciones y órdenes: destaca el bajorrelieve de piedra caliza del portal lateral, que muestra “ángeles tocando una trompeta”, flanqueado por columnas jónicas estriadas.





Cubiertas ajardinadas

Contrariamente a su nombre, los jardines colgantes del barrio de Sainte Adresse son en realidad un jardín botánico, construido en un antiguo fuerte militar en las alturas de la ciudad: alberga y recoge plantas de los cinco continentes. Desde estas murallas tienes una vista maravillosa del mar, el puerto y la parte baja de la ciudad. En el jardín encontrarás invernaderos, jardines aromáticos, colecciones de plantas perfumadas que crean cuatro jardines temáticos.


 

PORTLAND


Portland es un paraíso para los exploradores. Con tanto que ver y hacer, ¡te preguntarás por qué nunca lo habías hecho antes! 

El titular suena muy bien, pero la realidad te dice que, no hacía falta venir, ya que es un lugar muy prescindible.

Afortunadamente había un servicio de Shuttle que nos llevaba desde el puerto (no hay acceso peatonal) hasta el Castillo de Portland, y el viaje prosigue hasta Weymouth, allí nos dirigimos en primer lugar, y dejamos Portland para la vuelta, lo que vimos, ayudo a que mi esposa ni bajara a la vuelta, y estuvo muy acertada.




La información para visitantes está disponible en el Heights Hotel, en la cima de la isla. Hay un centro de información para visitantes exclusivo, abierto los 7 días de la semana de 8:00 a 18:00 horas, donde puedes descubrir todo lo que hay para ver y hacer.

Horarios de autobuses

Utilice el enlace del Autobús Comunitario de Portland a la derecha para descubrir una forma sencilla de acceder a zonas de Portland a las que no suelen llegar los autobuses locales. Úselo para conectar con el Servicio 1 de First de Portland a Weymouth, que opera cada 10 minutos de lunes a viernes. El Servicio 1 de First también opera los fines de semana y festivos.




Que ver

Castillo de Portland

Una fortaleza costera construida por Enrique VIII con vistas al puerto de Portland y con 500 años de historia. Uno de los monumentos Tudor mejor conservados de English Heritage ??

El castillo tiene una historia diversa que comienza con su construcción por parte de Enrique VIII para proteger el fondeadero de los ataques franceses y españoles. Participó en la Guerra Civil Inglesa y, más tarde, en la Primera y Segunda Guerra Mundial como base de hidroaviones y para los preparativos del Día D, respectivamente. El Castillo de Portland experimentó su única acción real durante la Guerra Civil Inglesa (1642-1649). Al ser una histórica mansión real, Portland apoyó naturalmente al rey Carlos y fue un bastión realista. 

Ahora está bajo el cuidado de English Heritage y está abierto al público durante la temporada alta, generalmente cierra de noviembre a abril.





Museo de Portland
 

Con galería, jardín de fósiles y objetos que van desde naufragios y esculturas de piedra hasta gatos petrificados y ataúdes de piedra.

Una de las cabañas del museo fue llamada "la cabaña de Avice" por Thomas Hardy en su novela "The Well Beloved".

Faro de Portland Bill

En funcionamiento desde 1906. La altura de la torre es de 41 metros y tiene un alcance de 25 millas náuticas. Abierto de abril a agosto. Consulte el sitio web para obtener más información.