Una de las más bellas ciudades históricas de Europa, incluida en la lista de la UNESCO del Patrimonio cultural y natural de la humanidad, se encuentra al sur de Bohemia y desde sus murallas es posible ver la boscosa región de Šumava y lo que se considera el mar checo, el embalse de Lipno.
Es como un laberinto de misteriosas callejuelas medievales que hubiera crecido en el espacio que, como la palma de un gran gigante, se encuentra alojado en la garganta rocosa que horadó el río. La ciudad gótica, que habitaran alquimistas, canteros y juglares, y su orgullosa aristocracia, está coronada con un maravilloso castillo renacentista, que es el segundo más grande de toda la república después del de Praga, y está llena de magia y misterio. Sus tortuosas calles, que desembocan en una plaza central, parecen seguir el ritmo del Moldava, que es como la columna vertebral de la ciudad y que la surca jalonado por una serie de puentes y pasarelas.
Contemplará un modelo del mismo castillo datado en el siglo XVI, un lapidario, restos de la vida cotidiana de la antigüedad e incluso un cinematógrafo en funcionamiento. Podrá visitar el museo en cualquier momento, ya que se mantiene abierto durante todo el año.
En esta hermosa localidad decidimos pasar dos noches, para disfrutarla al completo, aunque no sea de las que tiene más monumentos, si que es una de las más hermosas y relajantes de Chequía, y aprovechamos desde aquí para realizar visitas a los alrededores. Mirador de Klet, Holasovice y el embalse de Lipno.











