Historia
Guadalajara tiene orígenes remotos que la ligan con la Celtiberia; aunque, las referencias históricas más antiguas nos informan de su importancia como plaza fuerte en la estrategia militar de los emires y califas de Córdoba. Entonces fue conocida con dos apelativos, Madinat al-Faray, en memoria de su conquistador, y Wad al-Hayara, traducción al árabe de su nombre prerromano, Arriaca.
Edad Media Castellana
En el año 1085 Guadalajara se incorporó al reino de Castilla a merced de la política expansionista del rey Alfonso VI. Con el tiempo, ese acontecimiento pasó a las crónicas como una hazaña bélica protagonizada por Alvar Fáñez de Minaya, hoy reflejado en el escudo de armas de la ciudad.
Pese a perder su condición de medina, la villa de Guadalajara fue objeto de innumerables prebendas reales. Entre muchas, destacar los Fueros dados en 1133 por Alfonso VII y en 1219 por Fernando III, y los privilegios otorgados por Alfonso IX para tener voto en Cortes o por Alfonso X para la organización de ferias. Por último, sería Enrique IV el que devolvería a Guadalajara el título de Ciudad, en el año 1460.
Esta merced que pretendía poner freno a las aspiraciones de los Mendoza sobre el Concejo, resultó estéril; sobre todo, después que en 1475 Diego Hurtado de Mendoza recibiera el título de duque del Infantado. Hasta ese momento la villa se había distinguido como un próspero núcleo urbano en el que convivían castellanos, judíos y musulmanes. Prueba de esa armonía son los monumentos mudéjares que aún se conservan.
Guadalajara Mendocina
La consolidación de la casa Infantado y la de otros linajes mendocinos la convirtieron en una corte señorial del Renacimiento, repleta de casonas blasonadas, hermosas capillas y espaciososconventos. Este periodo fundacional se dilató durante todo el siglo XVII, en el que, a pesar de las crisis, Guadalajara acogió a otras comunidades de franciscanos, carmelitas, jesuitas y hospitalarios.
Ilustración
La extinción de la dinastía de los Austria y la llegada de la Borbón supuso para la ciudad un cambio sin precedentes. Así, a los desastres de la Guerra de Sucesión siguió un revulsivo económico y demográfico tras la instalación de la Real Fábrica de Paños que convertiría a Guadalajara en uno de los principales centros manufactureros, cosmopolita y emergente, de la España de la Ilustración.
Ese importante capítulo tuvo su fin con la crisis de Estado que se generó con la Guerra de la Independencia.
Guadalajara Castrense
En 1822 los formidables inmuebles que ocupaban los talleres cerraron sus puertas, para volverlas a abrir años más tarde como establecimientos militares. En 1833 se instalaba la Academia de Ingenieros del Ejército en los de San Fernando y varias unidades de ese Cuerpo en los de San Carlos y en el antiguo convento de San Francisco.
Guadalajara recuperaba la función de plaza militar para, luego, convertirse en adelantada de la aeronáutica y de la automoción al ser, desde 1896, la sede del Servicio de Aerostación Militar y, desde 1917, de La Hispano S.A., Fábrica de Automóviles y Material de Guerra. No obstante, este umbral de optimismo se truncó con la Guerra Civil y, como “ciudad derrotada”, fue olvidada durante décadas. De hecho, el perfil industrial no se recuperó hasta las décadas finales del siglo XX.
Actualidad
En la actualidad, Guadalajara se presenta como una ciudad dinámica, accesible y cercana, después de protagonizar un profundo desarrollo económico y crecimiento urbano. Está dotada de los mejores equipamientos, de amplios espacios verdes y de un conjunto de servicios que satisface plenamente a sus habitantes que se muestran felices por los niveles de calidad de vida alcanzados.
Sus modernas instalaciones han permitido y permiten celebrar numerosos eventos deportivos de renombre y un abanico de jornadas congresuales que la han elevado a la categoría de ciudad deportiva y congresual.
Capítulo aparte requiere su excelente gastronomía, basada en platos castellanos, de gran aporte calórico, reflejos de las condiciones climatológicas de esta tierra. Entre sus especialidades gastronómicas son de destacar sus tradicionales asados de cordero y cabrito, regados con “breve”, un aliño de hierbas aromáticas maceradas en vinagre. De postre, el producto estrella de la capital, los bizcochos borrachos, o la miel de la Alcarria, con Denominación de Origen desde el año 1992. Durante su estancia, el viajero podrá elegir entre una amplia variedad de platos, así como lugares de degustación, que harán las delicias de los paladares más exigentes.
Pero Guadalajara es mucho más, es una población histórica que emana hospitalidad, reflejada en la amabilidad de sus gentes. Aquí el visitante encontrará un extenso repertorio de posibilidades culturales y de ocio que harán de su estancia una experiencia inolvidable. En definitiva, una ciudad con mucho por descubrir y disfrutar.
Guadalajara, capital de la Alcarria y lugar de encuentro de culturas, estilos y tiempos; aúna la comodidad de lo funcional y moderno con las raíces históricas que pueblan sus calles y su origen.
Su posición geográfica y estratégica, en el cauce medio del Henares, una elevación flanqueada por barrancos, la hizo lugar de asentamiento humano desde la prehistoria, como demuestran yacimientos arqueológicos como el de Aguas Vivas.
Pero son las culturas posteriores las que jalonan su espacio repleto de muestras de historia y tradición. La huella árabe se deja ver en innumerables rincones. El puente sobre el Henares, de estilo califal cordobés, sirve de acceso a la muestra que sigue poblando la ciudad, como el Alcázar que toma al río de espejo y que luego fue maquillado por culturas posteriores. La seña de los judíos se hizo notar en sus sinagogas y el Castil de los Judíos. Los mudéjares sellaron su impronta entre el Alcázar y el río, participando como maestros de obras y artesanos en numerosas obras.
Ya la cultura cristiana y la historia que asciende por sus calles, muros, edificios y fachadas desde la Reconquista, pueblan de espacios nuevos o modifican los anteriores y dan a la ciudad su semblante histórico actual.
En la actualidad, Guadalajara se presenta como una ciudad dinámica, accesible y cercana, después de protagonizar un profundo desarrollo económico y crecimiento urbano.
Palacio del Infantado
En la plaza de los Caídos se alza el edificio más hermoso de la capital, el palacio de los duques del Infantado, calificado como un “único en su género” por aquellos autores que se han ocupado de él, señalándolo como una peculiar muestra del arte universal.
Por lo anterior, el 27 de abril de 2001 el Pleno del Ayuntamiento de Guadalajara acordó tramitar su designación como Patrimonio de la Humanidad ante la Consejería de Educación y Cultura, un objetivo que se ha cumplido en la 77ª reunión del Consejo de Patrimonio Histórico Español celebrada el 2 de octubre de 2015 en Madrid.
Con el diseño de estas casas principales, Juan Guas (1403-1496) alcanza su madurez, después de una larga trayectoria como maestro de los templos mayores de Ávila, Segovia y Toledo, y como arquitecto de los Reyes Católicos. Aquí, en Guadalajara, consiguió trazar un palacio con elementos totalmente innovadores, resultado, de una parte, de la larga experiencia de los talleres de cantería góticos del norte de Europa, donde él tenía sus orígenes; y, de otra, de las soluciones de distribución de espacios y de los programas decorativos ideados por los alarifes de al-Andalus; pero también, incorporando las soluciones clasicistas planteadas por los tratadistas italianos del Quattrocento.
Así, el muro cortina de la fachada principal responde a los modelos propuestos por Filarete en su Trattato d'architettura (1465) y en las obras proyectadas por este arquitecto en Milán; pero, frente al orden regular de ese patrón, Juan Guas, apropiándose de la estética andalusí, plantea una innovadora disposición con puntas de diamante para conformar una trama romboidal –“sebka”– de gran dinamismo que supera la monótona disposición longitudinal del canon italiano.
Otro punto para la confluencia de tendencias es la portada, que, inspirada en los esquemas utilizados en los palacios mudéjares del siglo XIV, presenta la puerta entre columnas, dintel heráldico, arco apuntado y figuras enfrentadas en las enjutas; todo profusamente decorado con recursos incorporados del gótico europeo –taqueados, esferas, entretejidos, cardinas, tracerías, florones, etc.–, y del mudéjar hispánico –epigrafías y mocárabes–. Insistiendo en este tema, otro ítem de innovación será la prolongación de la portada, más allá de los límites habituales, con la incorporación de un gran escudo de armas sostenido por dos colosos.
Patio de los Leones
En el interior, el patio de los Leones se resuelve bajo esquemas góticos, es decir, creando un programa en el que la ornamentación domina sobre los valores arquitectónicos y en el que el efecto de conjunto prima sobre la calidad del detalle; pero, también, incluyendo figuras enfrentadas –leones y grifos–, una iconografía extraída de la tradición islámica más oriental. El resultado es una exquisita puesta en escena, reiterativa pero no repetitiva.
Jardines del Palacio
Igualmente es novedosa la creación de un extenso jardín, pues, hasta entonces, este tipo de espacios de recreo eran exclusivos de los palacios de al-Andalus o de los monasterios que utilizaba la monarquía castellana como residencia eventual. Asimismo, es germinal la galería con que aquí se abre el Infantado al poniente, resuelta, como “fábrica anticuaria”, con arcos de medio punto sobre pilares elípticos.
Museo Provincial y Salas
En el interior, y como espacios expositivos del Museo de Guadalajara, se pueden admirar las salas de las Batallas y de Atalanta, cubiertas con pinturas al fresco de Rómulo Cincinato. Este italiano formó parte del equipo creado por el Quinto Duque para abordar, entre 1569 y 1580, una magnífica reforma de sus casas principales.
En definitiva, el acierto en la combinación de estilos dispares, y en la participación de importantes artistas, han elevado al Infantado a lo más alto de la historia de la arquitectura, a identificarlo como un hito del genio creador humano, tal y como se ha acreditado con su inclusión en la Lista Indicativa de Patrimonio Mundial de la UNESCO.
Plaza de los Caídos en la Guerra Civil, 13.
Jardines
Lunes a viernes: de 9 a 21,30h. - Sábados: de 9 a 14,30h. y de 16 a 19h. - Domingos y festivos: de 10 a 14,30h. y de 17 a 19h.
Patio de los Leones
Visita libre y gratuita al Patio de los Leones del Palacio del Infantado en los siguientes horarios:
Lunes a domingo: de 10 a 14 h. y de 16 a 20 h.
Palacio de la Cotilla
La primera construcción de este palacio se remonta al siglo XVII, según revelan todavía las columnas del patio, que siguen el modelo alcarreño.
A fines del siglo XIX, sus propietarios eran los marqueses de Villamejor, Ana de Torres e Ignacio de Figueroa, padres del conde de Romanones. De aquella época se conserva el Salón Chino, decorado todavía con el papel pintado original, según el estilo de la dinastía Qing, cuya rareza en España le otorga un valor excepcional.
Capilla de Luís Lucena
En la cuesta de San Miguel, que sube desde Santa María hacia el centro de la ciudad, se encuentra uno de los edificios más interesantes de Guadalajara: la capilla de Luis de Lucena.
Entrada: 1€ (monumento incluido en la Guadalajara Card).
Esta capilla, que estuvo adosada a la iglesia de San Miguel, ya desaparecida, revela la tradición mudéjar en el uso del ladrillo, pero su estilo caprichoso obedece al manierismo del siglo XVI. Fue fundada por el humanista Luis de Lucena y su construcción, tal vez trazada por él mismo, data de 1540.
En el exterior de la capilla de Lucena, unas torrecillas cilíndricas, bajo un extraño alero, simulan una obra militar. Se trata, probablemente, según Herrera Casado, de una referencia a la Fortaleza de la Fe o, tal vez, según Muñoz Jiménez, al Templo de Salomón.
El interior exhibe un estilo no menos caprichoso: en las pilastras, que introducen una mezcla de dórico y jónico, y en la tribuna que acoge la escalera de caracol que sube al piso superior. Las bóvedas, pintadas probablemente por Rómulo Cincinato, que también trabajó en el palacio del Infantado, desarrollan un programa iconográfico de características erasmistas y simbólicas.
Iglesia y Cripta de la Iglesia de San Francisco
Desde la plaza de Santo Domingo, al oeste, baja la calle del Capitán Boixareu Rivera, que deja a la derecha el parque de la Concordia. Esta calle que se llamó antiguamente de Jaúdenes, se llama también de La Carrera. Por ella desfilaba el alarde de los antiguos caballeros y por ella suben hoy las procesiones del Corpus y Semana Santa. Al final de la calle se abre la plaza de Bejanque y el acceso a la Iglesia y Fuerte de San Francisco.
El Fuerte, antes de que fuera ocupado por el Ejército en el siglo XIX, fue Convento de San Francisco, fundado en el siglo XIV y favorito de los Mendoza. Durante muchos años ha sido sede del TYCE (Taller y Centro Electrotécnico de Ingenieros del Ejército) y hoy en día mantiene una exposición permanente de maquinaría industrial.
Cripta de la Iglesia del Convento de San Francisco
La iglesia del Convento de San Francisco, destruida y reconstruida varias vecces, conserva un tesoro poco conocido pero de gran valor arquitectónico: bajo el ábside de estilo gótico, se oculta el panteón de la familia Mendoza, realizado a semejanza del Panteón de los Reyes de El Escorial. Gracias al empeño del Ayuntamiento y la financiación del programa económico "Uno por ciento cultural" se ha podido recuperar y abrir al público esta maravillosa obra patrimonio de todos.
Convento de la Piedad
En la antigua calle de Santa Clara, hoy Teniente Figueroa, se halla el conjunto formado por el palacio del caballero Antonio de Mendoza y la iglesia de la Piedad, hoy rehabilitado como Instituto de Bachillerato Liceo Caracense. El palacio fue proyectado por Lorenzo Vázquez y construido en torno a 1510. Años después, Brianda de Mendoza estableció en el edificio una comunidad de religiosas franciscanas, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Piedad. A partir de 1525 comenzó la edificación de la iglesia, bajo la dirección de Alonso de Covarrubias.
La iglesia y el palacio, con sus ampliaciones posteriores, delimitan actualmente un jardín abierto a la calle. En el lado izquierdo, las portadas de ambos edificios forman un rincón de alto valor arquitectónico. La portada del palacio, concebida como un arco de triunfo, repite motivos ornamentales de carácter militar. Estuvo coronada por un frontispicio con las armas de Antonio de Mendoza, sustituido en 1912 por el balcón actual. A la izquierda, la portada plateresca de la iglesia, coronada por la escena de la Piedad, revela la mano maestra de Covarrubias.
El interior de la iglesia, debido a desafortunadas intervenciones, apenas permite aventurar la traza primitiva. En el interior del palacio, sin embargo, el patio constituye todavía uno de los mejores ejemplos de la primera arquitectura renacentista de Castilla. La búsqueda deliberada de la proporción y el equilibrio, así como el uso tectónico y artístico de las zapatas, caracterizan esta obra. Los capiteles del piso inferior proponen un modelo, que se extenderá más adelante a otras edificaciones, conocido como capitel mendocino o alcarreño. El recorrido por el claustro permite admirar otros elementos: la escalera y su artesonado y el gran escudo imperial, trasladado aquí en el siglo XIX desde la puerta del Mercado de la plaza de Santo Domingo, ya desaparecida.
Entre 1902 y 1906, Velázquez Bosco dirigió las obras de rehabilitación del convento y de la iglesia de la Piedad. Este arquitecto reedificó el ala oeste y la fachada sur del conjunto; con menor fortuna, alteró la fachada norte del antiguo palacio, abriendo en ella los huecos actuales, y admitió la demolición del ábside de la iglesia, ahora truncada, para permitir la alineación de la calle Teniente Figueroa.
Por esa misma calle, a la izquierda, un poco más abajo, se llega al edificio de Correos, construido en 1917 por los hermanos Sainz de los Terreros. Se trata de un edificio ecléctico, con elementos regionalistas, mudéjares y renacentistas, en el cual el ladrillo juega un papel esencial. Sobre la puerta de acceso de vehículos, a un lado de la fachada principal, una buena versión del escudo de la ciudad.
Panteón de la Condesa de Vega
La ciudad de Guadalajara debe al mecenazgo y a la filantropía de María Diega Desmaissieres, duquesa de Sevillano, condesa de la Vega del Pozo, uno de los mejores conjuntos arquitectónicos de fines del siglo XIX. La duquesa, en torno a 1881, encargó a Ricardo Velázquez Bosco la construcción de un vasto complejo de edificios, destinado a establecimientos benéficos y a panteón familiar, al sudoeste de la ciudad, a un lado del actual parque de San Roque.
El panteón, cuya cúpula de cerámica vidriada es uno de los hitos de la ciudad, refleja la influencia del arte del norte de Italia, combinando elementos orientales y occidentales, que dotan al edificio de cierta estampa bizantina. El panteón tiene planta de cruz griega, rigurosamente simétrica. En su interior, destaca el altar, presidido por un excelente calvario, pintado por Alejandro Ferrán; en la cripta, el imponente grupo escultórico, de Ángel García Díez, que representa el cortejo fúnebre de la duquesa. En todo el edificio, en cada detalle, con insistencia, se revela la riqueza de materiales y la perfección de su acabado. En contraste, en la bóveda de la cripta, de nervadura, casi plana, sobresale el alarde técnico.
Museo Francisco Sobrino
El Museo Francisco Sobrino fue abierto al público el 30 de marzo de 2015. Se trata de un nuevo y moderno espacio cultural que ha recuperado las históricas naves del Matadero Municipal (1883) para rendir tributo a este artista universal y dar a conocer su especial aportación al arte óptico y cinético contemporáneo.
Ayuntamiento
En la plaza Mayor se encuentra el actual edificio del Ayuntamiento, de 1906. El revoco actual acentúa el estilo ecléctico de su fachada y contrasta con el hierro forjado de su campanario.
En el interior del Ayuntamiento se han recogido escudos y emblemas de diversa procedencia y se custodian las tablas de San Ginés, atribuidas hoy al Maestro de los Luna, del siglo XV. En una de ellas figura tal vez el mejor retrato del famoso Pedro González de Mendoza, Gran Cardenal de España durante el reinado de los Reyes Católicos.
Torreón de Alamín
La torre y el puente del Alamín constituyen un conjunto de especial interés. El Alamín es el barrio extramuros que desde época medieval se asienta al otro lado del barranco del mismo nombre, al Este de la ciudad.
A fines del siglo XIII, el puente fue edificado, o reedificado, por la infanta Isabel, señora de Guadalajara, y por su hermana Beatriz, con el fin de facilitar el acceso al convento de San Bernardo que ellas mismas habían fundado al otro lado del barranco. La torre, que defendía el puente, es de planta cuadrada, de tres pisos cubiertos por bóvedas de ladrillo.
La torre del Alamín alberga ahora una exposición permanente sobre la ciudad medieval. Una maqueta explica el emplazamiento defensivo de Guadalajara, entre dos barrancos, y muestra su antigua trama viaria, de calles estrechas adaptadas a las curvas de nivel.
Torreón de Alvar Fañez
El nombre de este torreón recuerda la leyenda de la reconquista de Guadalajara por Alvar Fáñez de Minaya en 1085.
Es una torre pentagonal, probablemente del siglo XIV, que defendía una de las puertas de la ciudad, llamada también Puerta de la Feria o del Cristo de la Feria. Su fachada posterior es abierta, para evitar que el enemigo pudiera hacerse fuerte en ella si lograba conquistarla.
Cementerio de Guadalajara
Tras las sombras de los altivos cipreses y a espaldas del Palacio del Infantado, se encuentra la historia más silenciosa de la ciudad tan visitada en estos días, en ese cementerio municipal que ya alberga 3.815 sepulturas temporales, 71 panteones; 6.291 sepulturas perpetuas, 497 nichos y 442 columbarios y que guarda los restos de algunos próceres alcarreños como Mayoral, Fernández Iparraguirre o Guitián, y de muchos ciudadanos anónimos, en una dilatado existir de 175 años, que ha visto crecer la ciudad viva y también su campo santo que acoge a nuestros muertos.
La Guadalajara del último tercio del siglo XIX era todavía una ciudad amurallada, con apenas 7.000 habitantes y poco más de 1.000 viviendas, donde en 1840 aún existían y cerraban las portillas de las murallas.
De esta fecha data la inauguración del actual cementerio municipal, cuyo proyecto corresponde a José María Guallart, planteado en esta época en que la ciudad se propuso abordar el retraso urbanístico, la falta de viviendas y el ensanche del casco antiguo, con la creación de nuevos barrios como el Amparo o el Arrabal.
Los enterramientos en templos parroquiales estaban saturados y el antiguo cementerio, que se ubicaba en el haza de la “Lentejilla”, en un terreno de labor cerca del Henares, también.
El primer recinto del nuevo campo santo apenas si era un cuadrilátero de setenta metros cuadrados, lo que hoy se conoce como Patio 1, en cuyo interior se establecieron cuatro cuarteles para sepulturas y un anillo de nichos, con muro perimetral y la fachada principal hacia la huerta de lo que hoy es el Archivo Histórico Militar y entonces Academia de Ingenieros.
Fue en 1877 cuando se hace la primera ampliación, con la renovación del arbolado, construcción de sala de depósito y autopsias, la vivienda del guarda y capilla, así como la verja de hierro que conforma la fachada principal, y ampliando su superficie con el conocido como Patio 2, donde se empezaron a construir panteones.
En las primeras ampliaciones se descubrieron en su subsuelo restos de necrópolis medievales de las comunidades judía y hebrea.
A partir de 1890 continuaron las obras de mejoras y ensanche y la realización de un tercer Patio, que concluyó en 1898, fecha en la que la Corporación Municipal acuerda poner nombre a los tres patios. El primero y más antiguo, se dedicó a la patrona de la ciudad, nuestra Señora de La Antigua, el segundo a la Soledad y el tercero, que entonces era el más moderno a Santa Ana, ya que este era el nombre de la marquesa de Villamejor, que había sufragado su construcción a cambio de terreno para realizar el panteón familiar.
El panteón de los marqueses de Villamejor
El panteón de los marqueses de Villamejor, D. Ignacio Figueroa y Doña Ana Torres, padres del conde de Romanones, sirvió muchos años de referencia artística de la ciudad, según afirmaba Juan Diges Antón en su Crónica del Turista de Guadalajara (1914). Es el panteón más grande del cementerio de aspecto neoclásico, con dos metros por encima del suelo rematado con cúpula, tambor de vitrales y una gran cruz, y más de tres por debajo, en lo que es la cripta que incluye capilla. La arquitectura de este gran panteón, construido según los planos y bajo la dirección del arquitecto Manuel Medrano, cede todo su protagonismo a la escultura labrada por Manuel Garnelo.
“Su color de piedra clara, sus bronces y los elementos funerarios de capiteles y frisos (el reloj de arena, la guadaña, las palmetas y las lechuzas) le confieren cuando el sol cae de costado, en el amanecer o ya en la atardecida, un solemne significado de meditación, de fuerza telúrica”, apunta el cronista provincial, Antonio Herrera Casado. En el interior, al que se accede tras pasar por la puerta de recia contextura metálica, se ve el altar al frente, y a los lados los catafalcos de los marqueses, realizados en mármol sobre garras de león y adornados con los respectivos escudos nobiliarios.
Otros espacios singulares
Además de este gran panteón, otros más modestos como los de la familia Chavarri, el de doña Josefa Corrido de Gaona, la tumba de doña Cándida Hompanera o el túmulo en forma de ermita de la familia Ripollés-Calvo, en el segundo patio, tienen también sus construcciones relevantes. La última construcción de relevancia es el panteón de los condes de Romanones, alzado a comienzo de los 50 del siglo pasado.
Además hay que reseñar como espacios singulares dentro del cementerio el panteón de la Tropa, que alberga los cuerpos de los soldados de las campañas de África, el de los Caídos de la Guerra Civil y el conocido como Cementerio Civil, en el patio número 4.
Este Cementerio Civil es el terreno de las antiguas fosas contiguas a una zona de ejecución de presos políticos que estuvo activa hasta 1944, año en que fueron inhumados centenares de cuerpos de víctimas del franquismo, donde cada 1 de noviembre rinden homenaje colectivos como el el Foro por la Memoria de Guadalajara, PSOE o IU. Aquí pedían hacer un pequeño monumento de reconocimiento a los fusilados, pero finalmente el Ayuntamiento colocó una placa que no dejó satisfechos a estos colectivos. En el cementerio municipal existe otro espacio donde se ubican los restos de los fusilados que fue rehabilitado por los familiares de las víctimas en los años 80 con sus propios fondos.
Hoy en día, el cementerio municipal cuenta con siete patios en los que actualmente está dividido el recinto, los tres primeros patios son los construidos en el siglo XIX, el cuarto en 1927 y los tres restantes son de la última década del siglo pasado y duplican su superficie.
Concatedral de Santa Maria
La iglesia concatedral de Santa María de la Fuente, se encuentra en la plaza del mismo nombre, a un lado de la calle Doctor Santiago Ramón y Cajal.
En esta iglesia, cuyo origen se remonta a fines del siglo XIII o principios del XIV, se suceden tres estilos principales: el mudéjar, que define las puertas de ladrillo, con arcos de herradura apuntados, y la torre, inicialmente exenta; el estilo renacentista, incorporado a principios del siglo XVI, en el pórtico, con característicos capiteles alcarreños, y, finalmente, el barroco, en la bóveda interior.
En el interior de Santa María, de tres naves con arcos apuntados, muy transformado, se suceden las capillas, lápidas, altares y otras obras de arte, entre las que destaca el retablo policromado, que trazó fray Francisco Mir en 1624.
Convento de la Piedad y Palacio de Antonio de Mendoza
En la antigua calle de Santa Clara, hoy Teniente Figueroa, se halla el conjunto formado por el palacio del caballero Antonio de Mendoza y la iglesia de la Piedad, hoy rehabilitado como Instituto de Bachillerato Liceo Caracense.
El palacio fue proyectado por Lorenzo Vázquez y construido en torno a 1510. Años después, Brianda de Mendoza estableció en el edificio una comunidad de religiosas franciscanas, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Piedad. A partir de 1525 comenzó la edificación de la iglesia, bajo la dirección de Alonso de Covarrubias.
La iglesia y el palacio, con sus ampliaciones posteriores, delimitan actualmente un jardín abierto a la calle. En el lado izquierdo, las portadas de ambos edificios forman un rincón de alto valor arquitectónico. La portada del palacio, concebida como un arco de triunfo, repite motivos ornamentales de carácter militar. Estuvo coronada por un frontispicio con las armas de Antonio de Mendoza, sustituido en 1912 por el balcón actual. A la izquierda, la portada plateresca de la iglesia, coronada por la escena de la Piedad, revela la mano maestra de Covarrubias.
El interior de la iglesia, debido a desafortunadas intervenciones, apenas permite aventurar la traza primitiva. En el interior del palacio, sin embargo, el patio constituye todavía uno de los mejores ejemplos de la primera arquitectura renacentista de Castilla. La búsqueda deliberada de la proporción y el equilibrio, así como el uso tectónico y artístico de las zapatas, caracterizan esta obra. Los capiteles del piso inferior proponen un modelo, que se extenderá más adelante a otras edificaciones, conocido como capitel mendocino o alcarreño. El recorrido por el claustro permite admirar otros elementos: la escalera y su artesonado y el gran escudo imperial, trasladado aquí en el siglo XIX desde la puerta del Mercado de la plaza de Santo Domingo, ya desaparecida.
Entre 1902 y 1906, Velázquez Bosco dirigió las obras de rehabilitación del convento y de la iglesia de la Piedad. Este arquitecto reedificó el ala oeste y la fachada sur del conjunto; con menor fortuna, alteró la fachada norte del antiguo palacio, abriendo en ella los huecos actuales, y admitió la demolición del ábside de la iglesia, ahora truncada, para permitir la alineación de la calle Teniente Figueroa.
Convento de San José
Cerca de Santa María, en la calle Ingeniero Mariño, sobrevive el convento de Carmelitas de San José (Carmelitas de Abajo), construido a partir de 1625, según trazas del arquitecto carmelita fray Alberto de la Madre de Dios.
En la fachada de la iglesia, a izquierda y a derecha, los escudos de los fundadores del convento, Frías y Mendoza; en la portada del convento, figura el escudo del Carmelo.
En el interior del templo, destaca el barroquismo espléndido del retablo mayor.
Museo Buero Vallejo
En el palacio de la Cotilla se ha creado este espacio museísto dedicado al gran dramaturgo nacido en Guadalajara.
En este espacio se tratan de dar a conocer dos aspectos de Buero, el de su entorno más íntimo y su faceta más desconocida y vocación temprana de pintor. Así, se pueden contemplar varias de sus obras pictóricas, entre las que figuran autorretratos del escritor y retratos de su madre y hermana.
Además, y gracias a la cesión de su familia, se expone el despacho que Buero Vallejo tenía en su domicilio madrileño, con todo el mobiliario y enseres originales como retratos de familiares, una antigua máquina de escribir y su escritorio y butaca donde escribió alguna de sus obras más famosas.
Fundación Condesa de la Vega del Pozo
Gracias a la reciente urbanización de la zona, desde el recinto del Fuerte de San Francisco se puede acceder de manera fácil y cómoda al final del parque de San Roque, donde se encuentra uno de los conjuntos monumentales más bellos de la arquitectura española del siglo XIX.
Fue trazado por Ricardo Velázquez Bosco por encargo de la duquesa de Sevillano y condesa de la Vega del Pozo.
Los tres edificios de esta fundación benéfica, destinados a asilo, ocupados actualmente por el Colegio de las Adoratrices, se ordenan en torno a dos ejes perpendiculares. En el edificio principal destaca el gran patio central, interior, y su portada monumental, de piedra caliza, sobre la fachada de ladrillo tostado, con influencias renacentistas.
Velázquez Bosco proyectó y ejecutó este encargo de forma impecable. Su estilo ecléctico halla siempre el equilibrio entre los elementos tectónicos y la profusión y variedad ornamental.




























